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| - Los apicultores de toda Europa se quejan de las graves pérdidas que están sufriendo las colonias de abejas. La culpa la tiene el aumento de la población de varroas. Se trata de un ácaro que ataca a las abejas, las parasita y, a la larga, las hace perecer. Bayer está llevando a cabo actualmente una investigación exhaustiva en busca de nuevos conceptos que contribuyan a combatir estos ácaros de forma efectiva. En el curso del año, los apicultores han salido bien librados, a pesar de la amenaza: la acostumbrada muerte invernal de estos insectos útiles había cobrado el invierno anterior dimensiones dramáticas. La Federación de Apicultores de Renania llegó a hablar literalmente de la «muerte de la apicultura en Alemania». Del millón de colonias de abejas que había en el país, parece ser que 400.000 no sobrevivieron el invierno de 2002. Algunos grandes apicultores perdieron todas sus colonias. A principios de verano remitió el estado de alarma. En muchos lugares las colmenas se recuperaron de forma sorprendente, probablemente a causa de las favorables temperaturas reinantes en la temporada del 2003. Con todo, ha quedado bastante claro que la apicultura en Alemania vive una situación de gran inestabilidad. Los responsables de la muerte de las abejas son unos arácnidos de color rojo de algo más de un milímetro de tamaño y un poco más gruesos que largos. Con sus mandíbulas se abren camino a través de la coraza quitinosa de las abejas y se alimentan de la hemolinfa (así se llama la «sangre» de los insectos) de las larvas. Estos desagradables parásitos se llaman ácaros de varroa (o, simplemente, varroas), están emparentados con las garrapatas y comenzaron a extenderse por todo el mundo hace unos treinta años. Hace miles de años que la varroa vive parasitando a la abeja asiática, la Apis cerana. Esta abeja se ha adaptado al parásito a lo largo de siglos de evolución, y desde hace mucho tiempo en Asia se viene dando una relación estable y equilibrada entre el hospedador y el parásito. La Apis cerana es capaz de reconocer las celdas infestadas de varroa y elimina a los ácaros antes de que se reproduzcan. En cambio, la abeja occidental o Apis mellifera, que es la productora de miel a nivel mundial, no estaba preparada para la invasión. Las larvas se multiplican tanto en las celdillas de obreras como en las de zánganos sin que nadie las elimine. El parásito se alimenta a costa de los futuros productores de miel, y las nuevas generaciones de abejas nacen con deformaciones, debilitadas y, frecuentemente, son incapaces de volar. La consecuencia final es la muerte de la colonia.
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