Para los servidores mortales del Caos no hay mayor ambición, ni recompensa más apreciada que abandonar su carne mortal dejando atrás lo mundano para ser elevado a la demonicidad en la forma de un monstruoso Príncipe Demonio del Caos. En muy raras ocasiones un Campeón del Caos consigue la demonicidad, la recompensa mayor por sus actos.
Para los servidores mortales del Caos no hay mayor ambición, ni recompensa más apreciada que abandonar su carne mortal dejando atrás lo mundano para ser elevado a la demonicidad en la forma de un monstruoso Príncipe Demonio del Caos. En muy raras ocasiones un Campeón del Caos consigue la demonicidad, la recompensa mayor por sus actos.