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| - Era una mañana tranquila. Recién me levantaba y eran ya las siete; todo parecía bien. Unos minutos después, recibí un mensaje de mi amigo Diego diciendo que le habían robado y que su padre no estaba. Fui a su casa lo más rápido que pude. Cuando llegué, él me dijo que al levantarse escuchó un grito y fue corriendo a la pieza de sus padres; su madre le había dicho que no veía al padre por ningún lado y ella tenía una cicatriz del tamaño de un dedo. Le dije que se quedara tranquilo, que su padre ya iba a aparecer, pero él no dejaba de temblar. Al otro día, me llama diciendo que su madre desapareció y que algo estaba en su casa. Fui lo más rápido que pude, pero cuando llegué encontré a mi amigo muerto en el pasillo. Detrás de mí lo vi... Era una criatura de ojos rojos y cuyo cuerpo carecía de forma definida, quizá algún tipo de espíritu oscuro. Me quedé unos minutos parado e inmóvil, mirando fijamente a ese ser que parecía observarme igualmente. Justo en el momento en el que mi mente asimiló la situación, y mi cuerpo, el miedo, emprendí la huida inmediata y sin ver atrás, olvidando el cadáver de Diego. Corrí y corrí sin detenerme, sintiendo aquel aura siniestra a mis espaldas. No sé cuánto tiempo pasó para que esa sensación se fuera. Estaba bastante lejos de la casa. Nunca más volví a ese lugar. No supe de lo ocurrido en las noticias ni nada parecido; nadie lo recuerda aparte de mí, puesto que ese día quedó plasmado en mi memoria. Categoría:Demonios
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