Bajo el mando del anciano Arconte Kraillach, el Reino Eterno conspiró con Nyos Yllithian de la Cábala de las Llamas Blancas y Xelian de la Cábala de las Espadas del Deseo para desbancar a Asdrubael Vect y hacerse con el poder en Commorragh. Para conseguirlo, el Reino Eterno ayudó a Nyos a resucitar a El'uriaq, el legendario Tirano de Shaa-Dom. Sin embargo los agentes de Vect lograron enfrentar el Reino Eterno con la Cábala de las Espadas del Deseo al atacar la fortaleza de Kraillach aparentando ser obra de Xelian. En respuesta, el Reino Eterno asaltó la fortaleza de sus aliados produciéndose una sangrienta lucha. Preso de la paranoia y el miedo, Kraillach cedió el mando de la Cábala a Morr, su lugarteniente Íncubo.
Bajo el mando del anciano Arconte Kraillach, el Reino Eterno conspiró con Nyos Yllithian de la Cábala de las Llamas Blancas y Xelian de la Cábala de las Espadas del Deseo para desbancar a Asdrubael Vect y hacerse con el poder en Commorragh. Para conseguirlo, el Reino Eterno ayudó a Nyos a resucitar a El'uriaq, el legendario Tirano de Shaa-Dom. Sin embargo los agentes de Vect lograron enfrentar el Reino Eterno con la Cábala de las Espadas del Deseo al atacar la fortaleza de Kraillach aparentando ser obra de Xelian. En respuesta, el Reino Eterno asaltó la fortaleza de sus aliados produciéndose una sangrienta lucha. Preso de la paranoia y el miedo, Kraillach cedió el mando de la Cábala a Morr, su lugarteniente Íncubo. La propia Cábala quedó destruida cuando Morr descubrió que Kraillach estaba poseído por un demonio desde su encuentro con El'uriaq, provocando que el leal íncubo acabara con su maldecido maestro. Tras este incidente, la Cábala se disolvió en cruentas guerras entre facciones opuestas.