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| - El Orden es una gran fuerza de estabilidad y poder, y no es tan corruptora física ni espiritualmente como el Caos, aunque no es por ello necesariamente "buena". Aunque sus seguidores y servidores suelen actuar de formas que pueden considerarse como benevolentes, algunos devotos del Orden como los Necrones, más orientados al servicio de la estructura, el estancamiento y la imposición de su voluntad sobre la galaxia en lugar de la falta de egoísmo que la Humanidad y otras especies inteligentes definirían como rectitud. Sin embargo, frecuentemente, el servir al Orden implica el sacrificar los deseos y necesidades de un único ser en beneficio de una mayoría, de forma que la implementación de la estabilidad y la estructura pasan por formas de autosacrificio, heroísmo y compasión por los demás,
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| - El Orden es una gran fuerza de estabilidad y poder, y no es tan corruptora física ni espiritualmente como el Caos, aunque no es por ello necesariamente "buena". Aunque sus seguidores y servidores suelen actuar de formas que pueden considerarse como benevolentes, algunos devotos del Orden como los Necrones, más orientados al servicio de la estructura, el estancamiento y la imposición de su voluntad sobre la galaxia en lugar de la falta de egoísmo que la Humanidad y otras especies inteligentes definirían como rectitud. Sin embargo, frecuentemente, el servir al Orden implica el sacrificar los deseos y necesidades de un único ser en beneficio de una mayoría, de forma que la implementación de la estabilidad y la estructura pasan por formas de autosacrificio, heroísmo y compasión por los demás, capacidades que muchas culturas y sociedades califican como benevolencia. Al contrario que el Caos, que es la personificación misma del Inmaterium, el Orden está representado y encarnado por el universo físico del Espacio Real, que se define a su vez por reglas naturales concretas y una realidad estable que no varía para coincidir o satisfacer imperativos psíquicos colectivos como en el caso de la Disformidad. La entidad más poderosa del Orden en la actualidad es el Emperador de la Humanidad, cuya poderosa mente reside en la Disformidad, intentando siempre frustrar el creciente poder de los Dioses del Caos y sus intentos de que el poder del Caos inunde y destruya la estabilidad del espacio real. El panteón de Dioses Eldar al completo también representaba poderosos servidores del Orden, pero de ellos sólo quedan Isha, Khaine y Cegorach. No obstante, existe un naciente Dios Eldar, y quizá una poderosa fuerza del Orden, igual en poder al Emperador, gestándose en los Circuitos Infinitos de los Mundos Astronave, conocido solo como Ynnead, el Dios Eldar de los Muertos. Los C'Tan también son poderosas fuerzas del Orden, aunque sirven a lo que otras especies llamarían la encarnación "maligna" del Orden, determinados como están a imponer un régimen en la galaxia en el cual totas las criaturas vivientes alimenten su insaciable hambre de energías vivas. No hay una representación icónica generalmente aceptada para el concepto de "Orden", pero los Eldar disponen en su idioma de una runa que significa "Armonía", y que emplean como símbolo del Orden. Dado que el símbolo también era utilizado por antiguos grupos de humanos para representar el orden del universo en equilibrio, ésta runa podría considerarse como el símbolo universal del Orden, como la Estrella de Ocho Puntas es el símbolo universal del Caos. El propósito último del Orden y sus sirvientes es la búsqueda de formas de reforzar las reglas y arquitectura que mantienen unido el universo físico, ya que toda la Creación se define por un rígido conjunto de reglas naturales y una jerarquía en la que todo y todos, ya sean vivientes ó inorgánicos, conocen su lugar natural y correcto. En general, el Orden es una fuerza espiritual que representa los impulsos más benevolentes y menos egoístas que existen dentro de las mentes de todo ser viviente de la galaxia, aunque puedan desembocar en el estancamiento, la represión y la corrupción, como lleva ocurriendo en el Imperio de la Humanidad en los últimos 10.000 años. Dado que la Humanidad es la especie inteligente más extendida de la galaxia en el 41ª Milenio (salvo los Orkos), el representante más poderoso del Orden es el Emperador, que actúa a su vez como su Dios. Para los Dioses del Caos y sus sirvientes el Emperador es su "Anatema" debido a que representa el obstáculo más importante a la victoria del Caos sobre el Orden en esta parte del Universo. Con todos los obvios peligros asociados con el Caos, como son la mutación, la posesión demoníaca y la maldición espiritual, alguien podría preguntarse por qué quería alguien dar la espalda al Orden y servir a los Poderes Ruinosos. La respuesta es sencilla. El Caos juzga a sus servidores solo en base a sus habilidades y su registro de éxitos y fracasos a la hora de llevar adelante la causa de un Dios del Caos en particular o del Caos Absoluto en general. El Caos también ofrece a sus servidores la oportunidad de poseer un día un nivel de poder y respeto más allá de los sueños más avariciosos de cualquier mortal. En muchos casos, sobre todo en el opresivo y feudal Imperio de la Humanidad, cuyo Orden exacerbado ha acarreado finalmente la corrupción y el estancamiento, son las conexiones familiares y la riqueza heredada lo que se valora, y no las habilidades individuales. Es imposible en muchos mundos imperiales que una persona habilidosa el sobresalir por encima de los demás. Por tanto, el Caos ofrece un grado substancial de libertad así como la única meritocracia que muchos ciudadanos del Imperio han llegado a conocer. Pero el Caos no es una fuerza benevolente, y muchos de los que caen en las tentaciones del Caos no llegan a tener jamás ninguna clase de poder ni libertad, comportándose como marionetas sin rostro en los planes enrevesados de los Dioses Oscuros Mientras que el caos premia el éxito con el poder, incluso el más poderoso servidor del Caos sigue siendo esclavo del caos, y jamás su señor. Muchos sirvientes del Caos acaban, eventualmente, por convertirse en huéspedes demoníacos, enloquecidos Engendros del Caos, o sencillamente otro cuerpo del montón, un peón cuya utilidad para los Poderes Ruinosos ha finalizado. Aquellos que sirven al Orden puede que nunca lleguen a conocer el puro poder y libertad que un devoto del Caos pueda tener, pero tampoco se precipitarán hacia su condenación. Su cuerpo y su alma seguirán siendo suyos, y sirviendo a algo más grande que uno mismo uno puede ganar para sí el manto del héroe.
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