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| - En los inicios de la historia de la Humanidad, el Dios Emperador no era visto como un ser divino, sino como una figura iluminadora que buscaba llevar la luz de la verdad a la Humanidad para curarla de las obras de los falsos ídolos y de los demagogos. Esto se convirtió en la base de toda la Gran Cruzada, pues los ejércitos del Emperador buscaban llevar la Verdad Imperial a todas las colonias perdidas de la Humanidad. Este noble objetivo fue destrozado durante los turbulentos tiempos de la Herejía de Horus, cuando muchos de los hijos favoritos del Emperador, y en especial de los propios Primarcas, se volvieron contra él. Así comenzó una guerra que se convirtió casi en mítica para el Imperio en los años posteriores a medida que los sueños del Emperador eran destruidos. A pesar de las terribl
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| - En los inicios de la historia de la Humanidad, el Dios Emperador no era visto como un ser divino, sino como una figura iluminadora que buscaba llevar la luz de la verdad a la Humanidad para curarla de las obras de los falsos ídolos y de los demagogos. Esto se convirtió en la base de toda la Gran Cruzada, pues los ejércitos del Emperador buscaban llevar la Verdad Imperial a todas las colonias perdidas de la Humanidad. Este noble objetivo fue destrozado durante los turbulentos tiempos de la Herejía de Horus, cuando muchos de los hijos favoritos del Emperador, y en especial de los propios Primarcas, se volvieron contra él. Así comenzó una guerra que se convirtió casi en mítica para el Imperio en los años posteriores a medida que los sueños del Emperador eran destruidos. A pesar de las terribles pérdidas, los leales lograron vencer a los rebeldes, pero la victoria le costó al Emperador un aprisionamiento eterno en el interior del Trono Dorado. Tras la guerra, los ideales del Imperio habían sido sacudidos hasta la médula y muchos buscaron fe para sanar las heridas sufridas. Además, muchos ya no veían al Emperador como un hombre sino más bien como un dios que los había protegido además de guiado. En un millar de mundos, empezaron a formarse cultos que proclamaban que el Emperador era una figura divina, los cuales luego se transformaron en sectas que lucharon entre sí hasta que sólo quedó una. Esta se convirtió en el Templo del Emperador Salvador y fue la Única Fe que formó el Ministorum. En los años posteriores, el Imperio se convirtió en un reino dominado por la fe, y el ascenso del Templo del Emperador Salvador le hizo tan poderoso que obtuvo asientos entre los Altos Señores de Terra. Su poder empezó a dominar todas las facetas del Imperio, siendo tan grande que sólo el Adeptus Astartes y el Adeptus Mechanicus fueron inmunes a su influencia, aunque esto se atribuye más al hecho de que ninguno deseaba imponerles sumisión. En el tiempo que siguió, el Ministorum se convirtió en la fuerza gobernante del Imperio, comandando ejércitos y flotas de naves de guerra, y con el poder para hacer y deshacer leyes. A medida que su poder se hinchaba, el Eclesiarca empezó a imponer altos tributos en los mundos sometidos, que provocaron rebeliones abiertas entre esas colonias. Esto obligó al Ministorum a enviar a sus propias fuerzas, las Fratrías Templarias, para aplastar las rebeliones, quemando en hogueras a los Gobernadores y devastando poblaciones planetarias enteras por desafiar la voluntad del Emperador. Durante esta época, una poderosa tormenta de Disformidad invadió el espacio conocido y aisló muchos mundos entre sí, los cuales cayeron en la anarquía. El poder del Ministorum se volvió aún mayor, y el coste de sus actos recayó en los pocos Sistemas aún accesibles. En este momento, el Ministorum desafió al Adeptus Administratum, entrando en un punto muerto cuyo final sólo llegó con el alzamiento de Goge Vandire y su gobierno, conocido como el Reinado de Sangre. Así llegó la Era de la Apostasía, que sólo terminó cuando Sebastian Thor formó la Confederación de la Luz, que era considerada herética por el Templo del Emperador Salvador. Thor fue capaz de trabajar tanto con los Astartes como con el Mechanicus para acabar con la tiranía de Vandire y romper finalmente el dominio del Templo del Emperador Salvador. Seis milenios de poder indiscutido fueron destruidos con la muerte del Alto Señor Vandire. Después de la victoria, Sebastian Thor se convirtió en la cabeza del nuevo Culto Imperial y fue nombrado Eclesiarca. Su Confederación de la Luz pasó a ser el nuevo Ministorum, y declaró heréticas las enseñanzas del Templo del Emperador Salvador, haciendo que sus seguidores se ocultasen. El antaño formidable poder del Ministorum había sido muy reducido, y las Fratrías Templarias fueron disueltas para evitar el grave abuso de poder que el Templo del Emperador Salvador había demostrado durante su reinado. Aunque el gran poder que una vez disfrutaran los Cardenales había desaparecido y el Imperio se había reunificado, los seguidores del Templo del Emperador Salvador lograron sobrevivir y esperar en las sombras mientras alimentaban su ira. Esto generó más adelante la secta herética oculta que se conoció como la Tendencia del Templo. Los miembros de este grupo consiguieron ganar cierta importancia en otros territorios del espacio, como el Sector Calixis, durante las distintas Cruzadas.
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