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| - Humanos. Pocos de ellos son capaces de decir que creen en nuestra existencia y los que lo hacen son considerados unos locos y credulos. Todos son terriblemente predecibles y temen a lo desconocido por que no saben si van a poder controlarlo. Pero no ella. Ella era distinta a todos que conocía. Exponía todo lo que pensaba sin miedo a que los demás la tacharan de ingenua e incoherente, era totalmente impredecible pues en cada momento hacía lo que quería o lo que decidía y lo que más me fascinaba era que no temía lo desconocido, más bien ansiaba conocerlo. Vagaba por internet y por las bibliotecas en busca de relatos que la pudieran asustar, cosa que ya no conseguía fácilmente. Eso era lo que la hacía tan fascinante para mi especie, se salía de las normas. Y aparte de todo esto, su sangre tenía un olor especialmente embriagador. La conocí un día casualmente cuando daba un paseo por el bosque cerca de la mansión de mi clan. Me acerque porque el latido de sus venas me incitaba a ello. En el último momento antes de que se girara me pude controlar y esconderme. Desde entonces no paro de acecharla en la oscuridad de los rincones. En apariencia es normal pero yo se que ansía el momento en el que su vida cambie para siempre. Una noche, observo como sus amigos la acompañan a casa y decido salir de la oscuridad cuando se que solo ella me tiene al alcance de la vista. Con las llaves en mano lista para entrar, nota como unos ojos se clavan en su espalda y se gira para ver quien la vigila. Nuestros ojos se cruzan. Ambos, de una forma u otra, esperábamos este momento. Lentamente me acerco a ella, ansioso por mantener un leve contacto con su piel. Su perfume me vuelve a embriagar y retrocedo un par de pasos por miedo a abalanzarme sobre su pálido cuerpo. Al serenarme, vuelvo a abrir los ojos y la veo contemplándome, más cerca de mí y más lejos de su casa. Ella se a acercado y se que no tiene miedo aun sabiendo, o por lo menos intuyendo, lo que soy. A menos de un palmo de ella, poso mi mano sobre su suave rostro. Ella tiembla ligeramente y yo me consumo en el deseo de besarla. No la conozco pero noto que nuestras almas llevan mucho tiempo esperando este encuentro. -Me llamo Mia.-susurran sus labios. -Cristian- murmullo sin poder articular otra palabra. Mia levanta la mano y recorre mi rostro con ella. Siento la urgencia de separarme de ella o... Lo entiende y sus sospechas quedan corroboradas. Entra en casa y yo huyo. Debería ser ella quien huye. Día tras día nos seguimos viendo en secreto. Ella no lo cuenta a nadie y yo se lo oculto a mi clan, aunque ellos sospechan. La amo y ella me ama. Curiosa humana la que no teme si no ama a un vampiro. Siento que ya nos conocíamos, quizá en una vida pasada. Y recuerdo el sentimiento de la primera vez que nos vimos en el cual nuestras almas se encontraban de nuevo, y yo esperaba para siempre. Un día pasamos por el bosque en el que la vi por primera vez. Se para. Me mira. Me besa. -¿Me amas?- pregunta sin dejar de mirarme a los ojos y acercándose más que nunca a mi. Tengo que respirar y cerrar los ojos para vencer la tentación de probar por fin su sangre. La luz de la luna llena ilumina sus oscuros ojos. -Si, te amo más que a mi propia existencia. Me vuelve a besar. De repente me siento como un cazador a punto de capturar a su presa. Ambos nos rendimos a lo que llevamos tanto tiempo reprimiendo. Mia cae en mis brazos, tiritando por primera vez de miedo y excitación ante algo que no había aún experimentado. Algo del animal que reprimía salió de mí. Ambos sucumbimos al placer que nos dábamos. Fue la noche más dulce de toda mi vida y de toda mi muerte. A la mañana siguiente desperté entre sus brazos. La luz del sol bañaba nuestros cuerpos. La encontré mirándome. Me sobresalte al recordar que anoche Mia debía haber llegado a casa a las doce. -Es tarde. No deberías haberte quedado conmigo. -¿Te arrepientes?- respondió. No esperaba esa respuesta y una vez más recordé porque la amaba tanto. -Por supuesto que no. Nos miramos en silencio un buen rato. Esperaba que se ruborizara al recordar la noche pasada. Pero no lo hizo. En los ojos se la notaba la alegría, pero de pronto se entristecieron. Notó que yo sabía que la pasaba algo. -Por favor no me obligues a pedírtelo otra vez- suplicó-. Dentro de unos años yo envejeceré y tú seguirás tan hermoso como ahora. Conviérteme. Sabía que estaba segura y que lo pedía de verdad. Por eso esa misma noche, mis colmillos rozaron su suave piel inundando todos mis sentidos con su aroma y sabor. Mia soltó un pequeño gemido mientras la sangre pasaba de su cuerpo a mi boca. Se desmallo. Paré. La cogí en brazos y la llevé a la mansión. Por fin estaríamos juntos para siempre. Categoría:Vampiros
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