| rdfs:comment
| - Es cierto que lo había perdido todo: su madre, su padre, y el resto de su familia biológica. Su hermano, Ikiel Arzer, principalmente. Pero lo quedaban su esposa y su hija. La adorable Hanna, su hija, y la más que hermosa y dulce Yara, su esposa. Hanna no tenía más de cinco años. Al pobre de Daniel Arzer le había tocado tener una hija a sus tempranos veinte años; es cierto que al principio no sabía qué hacer, pero con el tiempo se fue acostumbrando. Yara vino antes a su vida. Desde niños ya jugaban juntos y se divertían como ningunos. Por mucho tiempo.
|
| abstract
| - Es cierto que lo había perdido todo: su madre, su padre, y el resto de su familia biológica. Su hermano, Ikiel Arzer, principalmente. Pero lo quedaban su esposa y su hija. La adorable Hanna, su hija, y la más que hermosa y dulce Yara, su esposa. Hanna no tenía más de cinco años. Al pobre de Daniel Arzer le había tocado tener una hija a sus tempranos veinte años; es cierto que al principio no sabía qué hacer, pero con el tiempo se fue acostumbrando. Yara vino antes a su vida. Desde niños ya jugaban juntos y se divertían como ningunos. Aunque ya sus padres habían muerto, su madre por cáncer y su padre atropellado, esas dos mujeres tan especiales que a él le habían tocado como familia lo impulsaban a seguir. Lo acompañaban en todo. Lo protegían. Eran algo que valorar de verdad; si te atreves a decir que sólo son dos personas más de tantas que hay, estás muy equivocado.thumb|Daniel en su juventud. A los veinticinco años, a Daniel le dio un ataque al corazón... Por suerte lo llevaron a tiempo al hospital, donde temporalmente reemplazaron éste por uno mecánico, que era de verdad muy notorio. Debieron hacerle agujeros a toda su ropa para que ese aparato que lo mantenía con vida pudiera entrar. A pesar de no proporcionarle un corazón de verdad rápido, a Daniel realmente le sirvió por mucho tiempo. Por mucho tiempo. Ya a sus 27 años, nadie se había atrevido a donar su corazón, ningún alma caritativa fue lo suficientemente valiente para hacer eso. Él ya había aprendido que viviría por siempre con ese corazón de frío metal... Se sentía raro, tocarse el pecho y no sentir un permanente palpitar. Daniel sobrevivió con esa máquina durante toda su vida. Una vida realmente corta.
|