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| - Con este fin, los guerreros de la Legio Praesagius buscaron con sus acciones, conducta y presencia liderar el futuro del Imperio. En la guerra lucharon como guerreros honorables, siguiendo un código que prohibía el despliegue indiscriminado de artillería en áreas pobladas y alentaba una tradición de duelos con los ingenios de guerra enemigos, similares a titanes, y combates precisos a largo alcance. En la paz personificaron los logros tecnológicos y la pompa del Imperio que se estaba forjando entre las estrellas, sirviendo de puntos de reunión para aquellos que se comprometían con el futuro imaginado por el Emperador. Fue en Tentrion, una de las primeras campañas de la Gran Cruzada fuera del Sistema Sol, donde la Legio obtendría su más famosa victoria. Planeta de ciudades inmensas, manufactorias de una escala ciclópea y reliquia de los días de la Era Oscura de la Tecnología, Tentrion era un punto de apoyo vital para las fuerzas de la Gran Cruzada, cercana a diversos sistemas del núcleo galáctico y lo suficientemente próspera como para abastecer a las flotas en constante crecimiento del Emperador con soldados, municiones y máquinas de guerra, en lugar de confiar en los lejanos Marte y Terra. Sin embargo, Tentrion no estaba dispuesto a abandonar sus propios sueños de hegemonía y se opuso a las fuerzas del Emperador, rechazando todos los intentos de diplomacia. Muchos de los consejeros del Emperador argumentaron a favor de la destrucción total de Tentrion, a pesar de su valor potencial, considerando que cualquier asedio al planeta sería prácticamente imposible de ganar sin unas bajas impensables y décadas de tiempo que la Gran Cruzada no podía permitirse. Así, los vastos ejércitos de Terra y Marte fueron desatados sobre Tentrion, sólo para ser respondidos por levas masivas y plataformas de armas autónomas del Pontifex de Tentrion. Parecía que las ciudades de este mundo serían reducidas a polvo en una guerra en la que ninguno de los lados retrocedería, dejando cenizas al vencedor. Con órdenes de quebrar a los ejércitos de Tentrion, se esperaba que la Legio Praesagius arrasase las ciudades del planeta y matara a los soldados enviados contra ellos, acobardándolos con la pura fuerza destructiva de sus titanes. En cambio, el primer gran maestro de la Legio Praesagius, Bohemond de Viejo Thyre y los otros titanes de su manípulo llegaron a tierra solos, lejos de las ciudades, y desafiaron a los mejores análogos de Tentrion a que les batiesen. Después de cinco días de duelos titánicos contra las plataformas de armas del Pontifex de Tentrion, la Legio Praesagius estableció la supremacía del Imperio en el campo de batalla y demostró sus nobles intenciones, aunque Bohemond perecería tiempo después por las heridas recibidas en la confrontación final. Con el orgullo de sus ejércitos roto pero su población ilesa, las vastas ciudades de Tentrion se unieron al reino del Emperador como sujetos complacientes. Las acciones de la Legio en una zona de guerra donde otros habían pedido la aniquilación de Tentrion para evitar un asedio que no podían fueron recompensadas con las alabanzas del propio Emperador. La historia registra las palabras que pronunció en las celebraciones de la victoria, refiriéndose a la Legio Praesagius como “los más auténticos mensajeros de su gran intención”, un título que adoptaron para el resto de su servicio. A esta le siguieron otras batallas, más duras, en las cuales los Auténticos Mensajeros fueron asignados a la vanguardia de cierto número de Flotas Expedicionarias, luchando a menudo junto a los Portadores de la Palabra y los Ultramarines. En muchas campañas se encontraron inmersos en batallas que otros habían bautizado como imposibles, llamados a defender a los ejércitos de la Gran Cruzada y reforzar el estado de ánimo. En medio de las nubes de polvo aullante de Akeron Cards y las imponentes ciudades de Benthur, la Legio luchó con un orgullo estoico y devoción total a la causa del incipiente Imperio, pagando un alto precio en sangre y titanes, su alma. En otros mundos, donde la verdadera victoria requería que el objetivo, fuese una ciudad o un mundo entero, fuera capturado con mínimos daños, la renombrada habilidad de los Moderatii de los Auténticos Mensajeros y la disciplina de sus Princeps aseguraron una y otra vez que el Imperio conquistase mundos-factoría vitales casi intactos, un objetivo crucial para que sus flotas cada vez más lejanas siguieran siendo suministradas sin interrupción. Su éxito despertó inevitablemente la envidia de otras Legios, aquellas que poseían una fama más oscura o un registro de victorias menor. Estas Legios veían las recompensas cosechadas por los Auténticos Mensajeros como lo que consideraban la elección de un cobarde para evitar las realidades de la guerra, desarrollando un hambre por reclamar estos elogios inmerecidos para ellos mismos. Sus rivales más prominentes eran la Legio Suturvora y la Legio Mortis, ambas con una posición intachable, pero cuyos registros de batalla estaban manchados con rumores de masacres injustificadas y un inquietante gusto por la destrucción. Mediante los auspicios de estas Legios y de los magos en Marte y más allá que defendían su causa, la Legio Praesagius se encontró cada vez más y más lanzada a la vanguardia de los conflictos más brutales de la Gran Cruzada con poco apoyo. Aunque los Auténticos Mensajeros salían victoriosos una y otra vez, el precio por ello era terrible. Para comienzos del 31er Milenio, los Auténticos Mensajeros habían quedado paralizados por el incesante ritmo de despliegues, reducidos a un tercio de su fuerza original por las bajas y con muchos de sus titanes supervivientes incapacitados. Aunque la reputación de la Legio permaneciera intacta, ya no podía permitirse permanecer en la punta de la lanza de hombres y máquinas que era la Gran Cruzada. En reconocimiento al servicio de la Legio y deseoso de sumarse a las defensas de su recién establecido reino, Roboute Guilliman, Primarca de los Ultramarines, prevaleció sobre los magos del recién fundado Mundo Forja de Gantz para ofrecer un nuevo hogar a la Legio Praesagius. Durante siete años, la mayor parte de la Legio Praesagius debió permanecer en Gantz, tanto como una fuerza centinela para proteger las forjas en expansión como para reconstruir y reparar sus unidades. Sin embargo, los Auténticos Mensajeros no permanecieron inactivos en este tiempo, ya que Ultramar seguía siendo un reino fronterizo, siempre listo para atacar y expandir aún más sus fronteras. A pesar de que aún no podían reunir toda su fuerza, fue raro ver un grupo de ataque de los Ultramarines dejando Ultramar sin al menos un manípulo de los Auténticos Mensajeros como apoyo, y muchos mundos del reino de Guilliman albergaron fuerzas del tamaños de una demi-Legio durante épocas de crisis. Los planetas Magniat y Orizus fueron anexionados a Ultramar con las puntas de los cañones de la Legio Praesagius y las migraciones de Hrud que amenazaron a Prandium en el 005.M31 fueron rechazadas principalmente por los esfuerzos de sus titanes y tripulaciones veteranos. A mediados del 006.M31, la Legio Praesagius volvía a estar a pleno rendimiento, completamente establecida como guardianes de las prósperas forjas de Gantz y reconocidos en Ultramar por su valor. Con la noticia del llamamiento de Horus, el nuevo Señor de la Guerra para un despliegue masivo del Imperio para contrarrestar la creciente amenaza orka en Ghaslakh, los Auténticos Mensajeros se reunieron para su primer despliegue total desde su llegada a Ultramar y partieron hacia Calth.
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