Su vida transcurrió de la misma forma monótona que las de los otros cientos de sheks atrapados en Umadhún, hasta que Ashran el Nigromante se puso en contacto con él. El simple hecho de que un humano lograra llegar hasta Umadhún, cuya frontera, en pleno apogeo de los dragones, estaba totalmente sellada, bastó para convencer a Zeshak de que aquel hechicero era realmente una encarnación del Séptimo dios. A cambio de su obediencia incondicional, Ashran le prometió a Zeshak que los sacaría a todos de allí.
Su vida transcurrió de la misma forma monótona que las de los otros cientos de sheks atrapados en Umadhún, hasta que Ashran el Nigromante se puso en contacto con él. El simple hecho de que un humano lograra llegar hasta Umadhún, cuya frontera, en pleno apogeo de los dragones, estaba totalmente sellada, bastó para convencer a Zeshak de que aquel hechicero era realmente una encarnación del Séptimo dios. A cambio de su obediencia incondicional, Ashran le prometió a Zeshak que los sacaría a todos de allí.