abstract
| - Por Joaquin Rodriguez. Era normal en mi casa tener miedo. No vivía en una casa fea, era un departamento cualquiera en el que vivía con mis padres. Mi cama estaba frente a un escalera, que daba a un segundo piso en el que se veían los pósteres de mi papá. Uno de esos póster era el origen de ese miedo. Estaba acostumbrado a quedarme despierto horas, hasta que termine durmiendo a la fuerza. Ese póster... Nunca lo voy a olvidar... Esos... Esos ojos rojos... Ustedes pensarían que es algo estúpido pensar que eso podría causarme ese tipo de sensaciones. Cuando las noches se hacían infinitas, haciendo que en el día estuviera dormitando todo el tiempo, por fin, me quejé con mí papá. Ese póster no me dejaba dormir, y yo esperaba que lo sacara. Siempre recibía la misma respuesta: "Después lo hago hijo, ahora no tengo tiempo." No aguantaba más, un día feriado, sin nada que hacer, subí y arranqué el póster. Al mirarlo de cerca la cosa era peor. Como mi papá no estaba, me acerque a mi mamá y se lo mostré. Me dijo que estaba loco, que lo devolviera a su lugar así papá no se enoja. Después de una discusión, puse el póster en su lugar otra vez. Cuando lo puse, no pude evitar notar unos números en la parte de atrás del póster. Era un especie de número de teléfono. No le dí mucha importancia, mis padres lo podrían haber anotado antes para recordar un número. right|250px Pasaban los días, mi papá se había ido a trabajar y no volvía. No respondía el teléfono, no contestaba los mensajes y nadie sabía nada de el. Aveces, en las noches de temor, escuchaba a mi mamá llorando desde su habitación. Pensé en preguntarle, pero pensé que podría hacerme algo. No me hablaba, no me dirigía la palabra, ni nada. Lo días se hacían aburridos, papá no volvía, y mamá ni me hablaba. En las noches ese póster me seguía, y me seguía atormentando. Llegó el aburrimiento, y luego, la curiosidad. Subí al segundo piso, y me memoricé el numero del póster para luego, a escondidas de mamá, llamar a ese número. Al llamar me encontré con unas voces que al parecer agonizaban de dolor, y repetían: Ojos rojos, ojos rojos, ojos rojos, ojos rojos. Luego de que ese perturbador sonido me atormentara por unos minutos, me encontré con una máquina que repetía: cuatro cuadras a contramano, cinco a mano, y siete a contramano. ¿Que significaba eso? Luego de pensar un rato me dí cuenta de que se refería a las calles. Las noches eran los únicos momentos en los que podía hacer de las mías sin problemas, por lo tanto podía salir y seguir esas direcciones. Me aseguré de que mi mamá estuviera totalmente dormida, para levantarme, abrigarme, tomar las llaves y salir de ahí. Los ojos rojos del póster me seguían a lo largo del camino, mezclado con las voces de la llamada. Alguna relación tenían... Llovía. Hacía frío. Me aseguré de abrigarme bien, ya que el camino sería largo, y más si caminaba de noche. Yo no estaba acostumbrado a caminar tanto y me cansaba con facilidad. Llegué a mi destino, era un descampado que ocupaba toda una cuadra. El lugar daba miedo, el viento chocaba con el pastizal que estaba muy alto, tanto como para llegar a mis caderas, haciendo un ruido que inspiraba desolación. Al caminar tanto llegué al final del descampado. Lo había cruzado y no había encontrado nada. Al darme vuelta, decepcionado, vi en el centro de la manzana una especie de ente misterioso que me miraba fijamente... Con unos horrorosos ojos rojos. Ahí solamente me quedaba una sola opción: acercarme. Debía descubrir la verdad sobre esto sea como sea. Despacio, me acerqué a ese ente que me seguía mirando fijamente. El miedo me carcomía. No podía dejar de temblar. En ese momento... Me encontraría cara a cara con lo que más miedo me pudo causar... Los ojos rojos. Al llegar frente a el, mágicamente de desvaneció, dejando un agujero profundo al que se podía bajar solemnemente tirándose. Al fondo se podía ver agua. Solo así se podía bajar. En el reflejo del agua se podía ver un color rojo puro, como si hubieran unas antorchas color rojo. Y así era. Me tiré. Me pareció una caída muy corta, porque así era. Todo a mi alrededor se distorsionó dejando así ver que el agujero era muy corto. Al llegar a el agua, el agujero se cerró. Me había quedado encerrado. Lo que vi a mi alrededor fue horrible. Millones de personas con una especie de túnica que les cubría la cabeza y el cuerpo. Lo único que se les podía ver eran los horribles ojos rojos, que al parecer son así a la fuerza, por que debajo de ellos caía sangre. Alrededor de su cuello había una cuerda apretada, al parecer tan pero tan apretada que le daba ese color a sus ojos. De la soga también emanaba sangre. Ver eso... Verlo... Verlo fue... Horrible. Ellos acercaron a mi, gritando todo lo que podían: OJOS ROJOS, OJOS ROJOS, OJOS ROJOS. Levantaron sus brazos y a la velocidad que podían, corrieron hacia mí. Yo no tenía lugar al cual correr, por lo tanto... Me atraparon... Haciendo que me desmayara... Desperté en una especie de mesa de piedra y lo único que estaba al rededor de mí era oscuridad. Se oían pasos. Cada vez se escuchaban más cerca. Hasta que alguien llegó frente a mi: Mi padre. -¡Papá! - Grité de alegría - ¿Donde estabas? ¿Que es lo que está pasando? ¿Que haces acá? ¿Que es todo est.. -Cállate. - Gritó - Siempre me preguntabas sobre ese póster ¿No? -S-si... -Si eso es lo que queréis, te lo voy a contestar. ¡VENGAN! - Gritó mirando hacia atrás. Los hombres con la túnica y los ojos rojos se acercaron sosteniendo una gran pintura. Era el póster de el piso de arriba, pero el cuadro original. Otra vez, me atormenté al verlo. - ¿Lo ves? ¿LO VES? - Grito mi padre. - Esta es la primera y última obra maestra de Dios. - ¿Q-que? Ese es... - Si. Míralo fijamente... No podía. Simplemente no podía. - Te voy a explicar. - Prosiguió mi padre. - Todos nosotros sufrimos. Al igual que vos. Simplemente no podíamos resistirnos a... Su hermosura. -¡¿QUE?! - Me sorprendí. - A eso... ¿A eso le dicen hermoso? -¿Eso? ¿ESO? ¿COMO TE ATREVES A DECIRME ESO? -... - Esto es... - Dijo llamando a los de la túnica. - La religión en culto a el ente más hermoso sobre la faz de la Tierra... La obra maestra de Dios... Los OJOS ROJOS. Uno de los discípulos de la religión "Ojos Rojos" con una soga envolvió el cuello de mi padre, apretando fuertemente y haciendo un nudo en la parte de la nuca. Él gritaba: OJOS ROJOS, OJOS ROJOS, OJOS ROJOS... Los ojos de mi padre se volvieron rojos de tan apretada estaba la cuerda. Y así fue como quede marcado de por vida. Me levanté de la mesa y llorando, corrí hacia la oscuridad, con millones de ojos rojos alrededor de mí. Había una luz al fondo. Se veía la carretera. Estaba cerca. No volvería con mí mamá. Ella sabía perfectamente lo que pasaba. Por eso lloraba en las noches. A mí no me quería. Esta triste por que mi papá se había ido con esa religión extraña. No volvería con ella. Solo correría por la calle buscando algo que hacer con mi vida. Era lo único que me quedaba. Algo es seguro: nunca olvidaré esos... Esos... OJOS ROJOS.
- Dirección: Juan Ignacio Sabatini / Juan Pablo Sallato / Ismael Larraín Guión: Galut Alarcón Fotografía: Producción: Paz Urrutia / Ignacio Ureta Montaje: Galut Alarcón Año: 2010 Duración: 84 min. Formato Original: Digital 8, MiniDV, HDV, Cine 16mm / traspaso a 35 mm Elenco:
|