About: Scottie   Sponge Permalink

An Entity of Type : dbkwik:resource/bu1PfDUg4sF-0jQEsU09KA==, within Data Space : 134.155.108.49:8890 associated with source dataset(s)

The Scottie is a animal on FarmVille.

AttributesValues
rdf:type
rdfs:label
  • Scottie
  • Scottie
rdfs:comment
  • The Scottie is a animal on FarmVille.
  • Scottie is the person in charge of getting people to go to the Crash Pit. He appeared in "Terror Tales of the Park". He seems to be lazy, but very good at getting people to come to the crash pit.
  • Scottie is Drake's band's former drummer. He was played by late actor Johnny Lewis. He is considered to be unintelligent, according to Drake and the other band members. He appeared in four episodes in Season 1. He got himself and his band members detained at a Rock Shock concert because he photocopied their tickets in "Grammy". He, Rina, and Paul were never seen again after that, and it can be speculated that he actually got arrested for the crime. Scottie is Trevor's younger brother.
  • Scottie es el responsable de hacer que la gente vaya al Pozo de los Autos. Él apareció en Cuentos de Terror del Parque. Él parece ser perezoso, pero muy bueno en conseguir que la gente se vaya al Pozo de los Autos.
  • Originally from Boston he grew up in the 70s schooling at Winship Elementary, Fenway High School and then Boston Art's academy, the third of five children his eldest sister is now dead, his brother above him, dead also, his younger brother, dead his two sisters? (this is merely typical given that Esmarelda VillaLobos recently lost her extended, although not immediate, family also)
  • James Kowalsky, Kox desde los veintiún años edad en la que había podido cambiar su apellido polaco, se volvió y sonrió al ver a la persona que acababa de tocarle el hombro. -¡Dwanne Bradfor, cuánto tiempo! -Con gesto afable, tomó la mano del recién llegado y la apretó con fuerza. -Sí -Bradfor le devolvió el apretón y la sonrisa pero sin demasiada convicción-. Demasiado quizás... -Es cierto, ha pasado mucho tiempo desde la última vez. -Diez años, para ser exactos. Kox meneó la cabeza con gesto resignado, con cierto aire culpable. -Mierda... Yo no sabía nada. -Dicen que no sufrió. -¿Una bici nueva?
Storage
dcterms:subject
primera aparición
VoicedBy
Especie
  • Humano
Sexo
  • Masculino
Edad
  • Desconocida
LatestAppearance
grow time
  • 48(xsd:integer)
current efeds
  • ECFW
dbkwik:resource/kyCOgOw44qdsUL3uqGluog==
previous efeds
  • None
level req amt
  • 1(xsd:integer)
level req type
  • Player
dbkwik:ewrestling/...iPageUsesTemplate
dbkwik:farmville/p...iPageUsesTemplate
dbkwik:the-regular...iPageUsesTemplate
dbkwik:theregular-...iPageUsesTemplate
dbkwik:es.regulars...iPageUsesTemplate
Relatives
  • Unknown
Birth Date
  • Santa Cruz, California
FirstAppearance
Name
  • Scottie
  • Scottie Caine
Weight
  • 199.0
Ocupación
  • Buscar público para el accidente de la fosa
Birth Place
  • 1987-10-31(xsd:date)
Height
  • 175.26
Species
  • Human
imagen
  • Gordo_D.png
Occupation
  • Unknown
Debut
  • 2005(xsd:integer)
Image width
  • 250(xsd:integer)
Gender
  • Male
RealName
  • Scott Andrew Caine
Trainer
  • Coach Martin Lloyd
abstract
  • James Kowalsky, Kox desde los veintiún años edad en la que había podido cambiar su apellido polaco, se volvió y sonrió al ver a la persona que acababa de tocarle el hombro. -¡Dwanne Bradfor, cuánto tiempo! -Con gesto afable, tomó la mano del recién llegado y la apretó con fuerza. -Sí -Bradfor le devolvió el apretón y la sonrisa pero sin demasiada convicción-. Demasiado quizás... -Es cierto, ha pasado mucho tiempo desde la última vez. -Diez años, para ser exactos. Kox meneó la cabeza con gesto resignado, con cierto aire culpable. -Y bien, ¿qué te trae por “Lincoln Bell”? -Mientras hablaba, Kox había cogido a Bradford del brazo y lo arrastraba literalmente hasta el único bar del pueblo, la taberna de Turner; abierta a finales de los años veinte por David Turner y regentada actualmente por su nieto Maxwell, donde servían la mejor cerveza de toda la costa Oeste-. Supongo que lo mismo que a mí, ¿me equivoco? La triste mirada de Bradford fue respuesta suficiente para su amigo de niñez y juventud. -No lo entiendo, Dwanne, la verdad -James, mientras su amigo tomaba asiento en una de las cuatro mesas, se acercó a la barra e hizo un gesto al hijo pequeño de Maxwell Turner. -¿Qué es lo que van a tomar? -El joven Turner dedicó una curiosa mirada a Kox. -Dos “Bud”, muchacho -alzó los dedos índice y anular y añadió: -¡Cómo has crecido, joder! -Sí, señor -el muchacho sonrió tímidamente al tiempo que sacaba dos botellines de cerveza y los depositaba sobre el mostrador. Dos cervezas muy frías. Kox tomó las cervezas, y se sentó frente a Bradford en la mesa. -¿Qué tal por San Francisco, Kowalsky? -Bradford tomó el botellín y se lo llevó a los labios. Sobre la mesa quedaba el cerco húmedo-. ¿Cómo están Jess y los niños? -Bien, hace un año le extirparon la matriz y pasó siete meses con tratamiento de quimioterapia. -Mierda... Yo no sabía nada. -No pasa nada -James levantó su cerveza y miró a través del verde cristal-. Tampoco lo hicimos público. -Y pensar que Jess me juró amor eterno cuando teníamos trece años -Dwanne lanzó una triste carcajada. -Sí, ¡cómo cambia la gente! Los dos hombres permanecieron en silencio durante unos segundos, mirando cada uno su cerveza. Finalmente, fue Kox quien rompió la quietud. -Pobre Scottie. -Dicen que no sufrió. -¿Has hablado con alguien? -Esta mañana me crucé con su padre, poco después de llegar al pueblo. -¿Cómo está? -No sabría decirte -Dwanne jugueteaba con la botella de cerveza, ya vacía, haciéndola rodar sobre la mesa-. Parecía liberado. Sí, esa es la palabra. Triste pero liberado. -¿Nos ha perdonado? -James apuró el culo de su bebida y se levantó del asiento dispuesto a pagar. -¿Tú lo harías? -No lo sé -Kox, tras pagar las dos cervezas, volvió a sentarse-. ¡Mierda, no éramos más que unos críos, Bradford, unos críos! “Lincoln Bell” Verano de 1980 Tres muchachos de unos once o doce años, corren “Flag St.” Abajo, montados en sus bicicletas, a toda velocidad. Están de vacaciones. -¡Parad, joder, no me dejéis atrás! -Uno de los chicos se detiene bruscamente, y salta de la bicicleta-. Creo que he pinchado. ¡Mierda! -Tú siempre igual. Krammer -otro de los muchachos, un jovencito de cabellos rojizos y cara y espalda cubiertas de pecas, se detiene unos metros más adelante-. Di a tu padre que te compre una. -¡Ja, ja, ja! ¡Muy gracioso, Kowalsky, muy gracioso! -El llamado Krammer es un niño delgadito, de piel tan oscura que casi podría pasar por negro o mulato-. Como tus padres son ricos... -mientras habla tantea con su mano derecha las dos ruedas de su vehículo. -En eso tiene razón Scottie, James -el tercero de los chavales, Dwanne Bradford es el más alto y fornido del trío, tiene pensado jugar al baloncesto de mayor, pero con el paso de los años se decantará por algo menos violento cono la crítica literaria, llegando a escribir un libro que le valdrá un “Pulitzer”, y sonríe con cierto aire de burla al llamado Kowalsky-. Tu familia es la más rica de todo “Lincoln Bell”. -Vaaaale, culpable -Kowalsky le devuelve la sonrisa y le saca la lengua. -Sí, he pinchado, ¡Mierda! -Scott Krammer, con aire afligido, toma el manillar de su vieja bicicleta y comienza a subir la cuesta de “Flag St.”. -¡Hey, vamos! -Kowalsky echa a andar tras su amigo-. ¿Nos vas a dejar tirados? Recuerda que tenemos planeada una visita a la torre... -Con una rueda pinchada no, lo siento tíos. -Scottie menea la cabeza de un lado a otro. Kowalsky y Bradford se miran el uno al otro, y se encogen de hombros, con gesto resignado, mientras su amigo se aleja “Flag St.” arriba. Kox y Bradford salieron de la taberna y, tras un breve pero fuerte apretón de manos, se despidieron hasta el día siguiente. -¿Podríamos quedar un día de estos? -Preguntó Bradford antes de separarse de su antiguo compañero de travesuras infantiles-, me gustaría ver a Jess de nuevo. -¡Claro, Dwanne! -James sonrió con una sonrisa franca y generosa-. A Jess le encantará volver a verte. Se alejaron, cada uno hacia un extremo de “Bell Ave”, la calle principal del pueblo. James Kox llegó hasta su coche, y, una vez dentro, condujo hasta un pequeño motel de carretera, situado a unos cinco kilómetros de “Lincoln Bell” Dwanne Bradford caminó avenida abajo hasta llegar a una casa de ladrillo rojo y tejado negro. Llamó a la puerta con dos rápidos y fuertes golpes de nudillo. Al cabo de unos pocos minutos llegó hasta Dwanne el sonido inconfundible de unos pasos y una tosecilla ligera. La puerta se abrió lentamente, y una anciana de pequeña estatura y sonrientes ojos azules, apareció en el umbral. Dedicó al recién llegado una mirada inquisitiva y, tras un momento de duda, se abrazó al hombre con toda la fuerza que le permitían sus delgados bracitos. ¡Dwanne, mi pequeño Dwanne! -Estiró las manitas para acariciar la cara de Bradford-. ¡Estás guapísimo! -Hola, tía Beckie -el hombre inclinose hacia delante y besó a la anciana en la mejilla-. ¿Qué tal todo por aquí? -Bien, bien -la mujer empujó a Dwanne al interior de la vivienda, y lo condujo hasta la sala de estar, donde una televisión daba las noticias con el volumen al máximo. -¿Qué tal está el tío Gary? -Dwanne retiró una de las sillas que rodeaban la mesa de la salita y se sentó-. Es raro no verle por casa. Al oír esto, el rostro de la anciana tía Beckie Palmer se ensombreció, y una lágrima rodó por su mejilla. -Hace un par de años que falleció, Dwanne. -Yo..., lo siento, tía Rebeca -Dwanne bajó la mirada hacia la mesa-. No sabía nada... De verdad. -No pasa nada -la mujer cogió otra silla y se sentó junto a Bradford-. Supuse que estarías muy atareado y, como tampoco conocía tu dirección en Los Ángeles... Se acordaba mucho de ti. Dwanne dedicó a la anciana una sonrisa y volvió a abrazarla. James Kox aparcó el coche en la puerta del motel de carretera, entró, saludó al gerente y se dirigió hacia su habitación. Una vez dentro, se sentó en la cama, tomó el teléfono y llamó a su esposa. -¿Diga? -Sonó la voz de Marcia, su hija pequeña de ocho años, al otro lado de la línea. -Marcia, cariño, dile a mamá que se ponga. -Vale papá -la niña dio un grito llamando a su madre-. Un besito, papi. James sonrió y le devolvió el beso. Un segundo después, su esposa tomaba el aparato. -¿James, eres tú? -Sí cariño -mientras hablaba, encendió un cigarro-. ¿Estás bien? -Me duele un poco, pero es soportable -la voz de Jess llegó hasta él con aire agotado-. Ya llevo tres calmantes. -Oh, cielo... -Kox se dejó caer hacia atrás en la cama- cuando llegue, pasado mañana, iremos al hospital a que te hagan un chequeo. -No, James -Jess había comenzado a sollozar, debido al dolor-. Se me pasará, siempre se me pasa. -Iremos al médico, no se hable más. A través de la línea llegó hasta James un leve resoplido de su esposa y comprendió que, de momento, ella acataba sus resoluciones. -¿Cómo está el pueblo, has visto a alguien conocido? -No ha cambiado mucho, la verdad -Kox volvió a incorporarse al darse cuenta de que la ceniza del cigarro estaba cayendo sobre su camisa-. Pero he visto a tu antiguo novio -las palabras salieron de su boca con cierto matiz irónico. -¿Dwanne? -La voz de su esposa le llegó cargada de cierta alegría-. ¿Cómo está, ha preguntado por mí? -Está bien, muy bien -James, al oír a su esposa, tuvo la seguridad de que no había dejado de amar a Dwanne Bradford, y notó como una punzada de celos golpeaba su corazón-. Preguntó por ti y por los niños... -Vuelve pronto, Los niños y yo te extrañámos mucho. -Y yo a vosotros -James envió un beso a su esposa y dejó el auricular sobre la horquilla de plástico. Después, depositó la colilla del cigarro en el cenicero de cristal de la mesita de noche, se despojó de la camisa y se tendió en la cama, directamente sobre el cobertor, sin quitarse los zapatos. “Lincoln Bell” Verano de 1980 Scott Krammer, empujando su vieja bicicleta, “Flagg St.” Arriba, se aleja de sus dos amigos con gesto triste, mirando al suelo. -Hola Scottie -una niña de unos diez años, peinada con dos graciosas trenzas su larga cabellera rubia, sale de un pequeño jardincito, y se planta ante el joven Krammer, sus grandes ojos verdes brillando con picardía infantil-. ¿Qué le pasa a tu bici? -Hola Jess..., he pinchado. -Ah, ¿cómo ha sido? -La pequeña Jessica Cole, muestra su aparato dental en una sonrisa mientras, con gesto curioso, palpa la rueda delantera de la bicicleta. Aún queda mucho tiempo antes de que las sesiones de quimioterapia la obliguen a usar una horrible peluca durante medio año. -Pues no lo sé -Scottie vuelve a tocar la rueda pinchada, poniendo gesto de disgusto. -¿Has visto a Dwanne? -La niña ya ha perdido todo interés en los problemas del joven Krammer con su bici pinchada-. ¡Es tan guapo! -¿Dwanne Bradford, guapo? -Scott enarca las cejas con gesto de sorpresa. Jess enrojece toda desde la punta de los pies, hasta la raíz de sus Rubios cabellos, y avergonzada corre a refugiarse en su casa. Scottie Krammer vuelve poner rumbo hacia su casa. Una sonrisa se dibuja en su rostro, ignora que su vida está a un paso de dar un dramático giro, recordando la reacción de su amiguita. Al llegar a casa, entra directamente al garaje, donde su padre guarda su “Plymouth” del 60, y deja la bici apoyada en la pared, bajo el panel de las herramientas. -¡Mamá! -Sube los dos escalones de la puerta que une el garaje con la cocina, y da un beso a su madre, que está ante la pila limpiando pescado para la comida. -Hola cariño -la mujer gira la cabeza, sus Rubios cabellos ocultos por un feo y viejo pañolón de lunares, y le dedica a su único hijo una mueca-. ¿Tienes mucha gana? -Hola, mamá. ¿Está papá en casa? -¿No está en el garaje? -Beulah Krammer se pasa una mano por la frente y cierra el grifo. -No, no está en el garaje -Scottie se acerca al fregadero, abre el grifo y se inclina sobre el chorro de agua. -¡Scott! ¿Qué te tengo dicho? -¡Jo, mami! -El niño se seca los labios con la camiseta y baja la cabeza con aire avergonzado, aunque una tímida sonrisa ilumina su oscuro rostro. Su madre se agacha delante de él, y lo abraza con fuerza. Le ha costado mucho sacarlo adelante. Lo tuvo siendo una niña, dieciséis años, fruto de una violación. Y hubo de luchar incluso contra su propia familia cuando decidió tener al bebé. Con dieciocho años, y un niño de año y medio, dejó la gran ciudad y se trasladó a “Lincoln Bell”, donde pronto encontraría un buen trabajo como ayudante de la vieja Rachel Lerner en su pequeña tienda de ultramarinos. Mantuvo su empleo durante cuatro años, hasta que Paul Krammer, veinte años mayor que ella, y jefe de la Policía de “Lincoln Bell”, le pidió que se casase con él, dándole a su hijo su apellido y su cariño. Y allí estaba, una linda y joven mujer que, poco a poco, había logrado salir a flote, y es que, como le dijo su patrona la señora Lerner: “Si una persona es honrada y trabajadora, ¿qué más da con quien se acueste?” -Bueno, Scottie, ¿para que quieres a tu padre? -¿Mamá, por qué no convences a papá para comprarme una bici nueva? -¿Ya te has cansado de la que compramos hace dos años? -He pinchado -mientras habla, el joven comienza a juguetear con el faldón de su camiseta con gesto nervioso. Beulah se asoma a la ventana que hay sobre el fregadero, y se gira, sonriendo, hacia su hijo. -mira, ya está aquí tu padre -pone las mano sobre los hombros del pequeño y, con gesto cariñoso, lo encara hacia la puerta que una la cocina y el garaje-. Habla con él. -¡Papá, papá! -Brazos abiertos, el pequeño corre hacia su padre, que acaba de cerrar la puerta del auto, y le recibe con una gran sonrisa. -¡Hola, campeón! -Paul Krammer se agacha y abre él también los brazos para rodear a su hijo con ellos y levantarlo del suelo-. ¿Qué tal el primer día de vacaciones? ¿Has hecho un poquito de los deberes que te mandó la señorita Mitchell? -Sí papá -Scott vuelve a tirarse de la camiseta, algo que hace siempre que está nervioso. Un gesto que sus padres conocen perfectamente. -A ver, tú quieres decirme algo. -Paul saca un caramelo de un bolsillo del uniforme gris de Sheriff, y se lo da al niño-. ¿Verdad? -S-sí -Scott quita el envoltorio al caramelo y se lo mete en la boca. -¿Qué es? -El hombre y el niño suben los dos escalones de la puerta que une el garaje con la cocina-. Algo que no sea muy caro, ¿eh? -Tu hijo quiere una bicicleta nueva -Beulah se acerca a sus dos hombres y besa los labios de su marido. -Paul frunce el ceño y devuelve el beso a su esposa. -¿Una bici nueva? -Sí, ¿me la compras? -Verás, campeón -Krammer se acuclilla para quedar a la altura del niño-. Este mes vamos a tener que apretarnos el cinturón -dirige una mirada a su joven esposa-. Recortes de última hora en el presupuesto del Cuerpo. -Oh... -Scottie baja la mirada entristecido-. ¿Entonces...? -Scott, cariño -su madre le pone una mano sobre los negros y rizados cabellos, al tiempo que sonríe a Paul-. ¿No te conformarías con que papá te comprase un parche y te ayudase a reparar la rueda pinchada? -Ahá -el pequeño sonríe con timidez-. ¿Me ayudarás a arreglar la bici? -¡Claro! -Paul Krammer pasa su brazo derecho en torno a la cintura de su hijo, y lo levanta del suelo-. ¡Ahora mismo vamos tú y yo al taller de Kowalsky y arreglamos la bici! -No tardéis mucho -pide su joven esposa mientras vuelve a entrar en la cocina. El pequeño cementerio de “Lincoln Bell”, “Heavenly Place” se encontraba sumido en una calma y quietud casi sobrenatural, mientras el Reverendo Ferris leía varios pasajes de la Biblia. A sus cuarenta y cinco años, David Ferris era el Párroco más joven que habían tenido los feligreses del pueblo, llegado a “Lincoln Bell” tras la muerte en extrañas circunstancias de su antecesor Joseph Farewell, un año atrás. Terminadas las palabras del Reverendo, los asistentes al sepelio, uno a uno, fueron pasando ante un envejecido Paul Krammer, que respondía a los pésames con una leve y triste sonrisa. La vida se había vuelto en su contra hacia veinte años. Y sus fuerzas habían acabado por abandonarle. “Lincoln Bell”. Verano de 1980 Con las manos y los shorts manchados de grasa, Paul Krammer lanza una victoriosa mirada a su hijo, que se la devuelve sonriente. -¿Ves, Campeón? ¡Cómo nueva! -¡Jo, papi! -Scott, sube a la bicicleta y da un par de vueltas a la puerta del garaje para probarla-. ¡Es superior! -Ahora a ayudar a tu madre a poner la mesa. Venga. -¡Sí, papá! Diez minutos más tarde, mientras la familia Krammer, sentada en torno a la pequeña mesa de la cocina come, el joven James Kowalsky aporrea, insistente, la puerta de entrada. -¡Hola, señora Krammer! -Hola, Jimmy -Beulah sonríe paciente al pequeño visitante, de rojos cabellos-. Scottie está terminando de comer, ¿quieres esperar dentro? -No, gracias, señora -Kowalsky vuelve a montar en su bici dispuesto a marcharse, pero titubea un instante. ¿Quieres que le diga algo? -Sí, dígale que le esperamos en la torre. -Vale -Beulah levanta su diestra en señal de despedida, para añadir, seguidamente-. Tener cuidado, la torre es un lugar peligroso. Dwanne Bradford y James Kox, una vez el resto de asistentes hubo dejado “Heavenly Place”, se acercaron a la tumba de Scott, ante la cual permanecía Paul Krammer. -Señor Krammer... Paul -titubeante, Dwanne estiró una mano hacia el anciano ex-jefe de Policía de “Lincoln Bell” Paul, muy despacio, apartó la mirada de la lápida y se volvió hacia los dos hombres. En el cielo comenzaban a formarse nubes de tormenta. -Bradford..., Kowalsky -los ojos de Krammer se llenaron de lágrimas. -Kox, señor Krammer. -Para mí siempre serás el pequeño Jim Kowalsky. -¿Sufrió mucho Scott? -Dwanne alzó la mirada al cielo, y un par de gruesas gotas de lluvia cayeron sobre su rostro. -Él..., no, no sufrió -el anciano miró a Dwanne mientras las lágrimas recorrían su rostro. Sin embargo, una tímida sonrisa pugnaba por asomar en sus labios-. Lo he pasado muy mal durante estos veinte años, Dwanne. Primero lo de Scottie, y después el accidente de Beulah. Al oír esto, los dos amigos se miraron fugazmente. -Sé lo qué pensáis -el rostro de Krammer volvió a ensombrecerse-. Todo es falso. Beulah no se suicidó, no era una cobarde, y amaba a su Scottie con todas sus fuerzas. -Esto..., -Kox bajó la cabeza con aire avergonzado-. Nosotros nunca, es decir... La lluvia caía torrencialmente sobre los tres hombres, empapando sus ropas, y formando pequeños riachuelos en el suelo del cementerio. Bradford, viendo la turbación que se reflejaba en la cara de su amigo, decidió intervenir. -Señor Krammer -comenzó, notando que también a él le temblaba la voz-. Kowalsky y yo... queríamos... -Pedirme perdón -Paul Krammer volvía a sonreír-. No puedo aceptar vuestras disculpas. -Escúchenos, por favor -Kox tomó la mano derecha del viejo, y la estrechó entre las suyas-, se que usted lleva veinte años culpándonos de lo que pasó aquel día en la torre, pero... Krammer miró fijamente a los ojos de James. -Te equivocas, os equivocáis los dos -la voz del anciano sonaba tranquila y sosegada-. Yo nunca os culpé del accidente de Scott, nunca dudé de vuestra palabra. -¿Entonces? -Sólo hubo una cosa que nos dolió tanto a Scottie como a mí -Paul volvió la cabeza hacia la tumba de su hijo. La lluvia amainaba, y los tres hombres aprovecharon para abandonar el cementerio. -Scott y yo os odiamos cuando marchasteis del pueblo -en la voz del viejo ex-jefe de Policía asomó una punzada de rencor y odio-. Nos sentimos tan solos... “Lincoln Bell” Verano de 1980 Dwanne y James, esperan en el interior del puente cubierto que cruza el río “Lincoln” -aún faltan años antes de que el puente se convierta en refugio de una raza de mariposas mutantes y arda por completo-, a que llegue su amigo Scott. -¿Crees que vendrá? -Dwanne, con gesto impaciente, desmonta de la bici y otea el extremo del puente cubierto en espera de divisar a su amigo. -Estaba terminando de comer. -Kowalsky saca una tableta de chicle del bolsillo de sus pantalones cortos, y, tras quitarle el envoltorio plateado, se lo lleva a la boca-. Le dije a su madre que le esperábamos en la torre. -Pues vámonos a la torre, y le esperamos allí. -No -Kowalsky hace un gesto con la mano-, creo que ya viene. En efecto, en ese instante, Scottie Krammer entra en el puente cubierto, montado en su bici, jadeando con aire cansado. -H-hola, chicos. -Vaya -Dwanne le dedica una mirada burlona-. Ya pensábamos que te habías rajado. Krammer le saca la lengua, y le muestra el dedo corazón derecho alzado. Diez minutos más tarde se hayan al pie de una vieja construcción de hierro y madera usada por los lugareños como atalaya para divisar posibles incendios en la zona. La torre mide alrededor de veinticinco metros, y la caseta que la corona tiene espacio suficiente para un camastro y una silla. También hay un viejo foco que cuelga del techo. No funciona desde hace años. A la caseta se accede por una escalera de hierro, mohosa y oxidada. Muy peligrosa. -El último que llegue a la caseta es caca de perro -ágil como un mono de circo, James Kowalsky, inicia el ascenso por los peldaños, que crujen y gimen peligrosamente bajo sus pies. James Kowalsky, el segundo hijo de Andrew e Irene Kowalsky, emigrantes polacos, dentro de unos años, tras la muerte de su padre en accidente laboral, heredará su negocio de reparación de automóviles, que venderá por una buena cantidad de dinero tras su boda con Jessica Cole, para trasladarse a San Francisco, y abrir un próspero negocio de restaurantes de comida rápida. -Venga, tíos, ¿qué estáis esperando? -Se asoma al agujero del suelo por el cual se accede a la plataforma de madera-. ¡Os pesa el culo! Dwanne es el segundo en escalar la torre. Ahora los peldaños crujen con tanta fuerza que el muchacho se detiene, y mira hacia arriba y hacia abajo, con cierto temor. Sin embargo llega a la caseta y salta alrededor de Kowalsky con aire triunfante. Scottie Krammer tantea le primer peldaño de la escalera metálica. Lo hace con cautela, casi con temor. Ha oído crujir los escalones cuando subía su amigo Dwanne. -No sé, tíos -mira hacia arriba, donde los rostros de Bradford y Kowalsky no son más que dos manchas blancas sin rasgos, borrosas-. No creo que la escalera aguante. -¡Cobarde! -Kowalsky junta las manos en torno a la boca par hacer bocina. Bradford, por su parte se limita a mirar. Y Scott Krammer comienza a subir, muy despacio, con sumo cuidado. Todo parece ir a las mil maravillas. Incluso el miedo ha desaparecido. -Chicos -grita entusiasmado-. Os voy a hacer tragar eso de cobarde. Y entonces. ¡Crack! Uno de los peldaños cede bajo el pie derecho de Scott, que lanza un gritito, y queda paralizado. Está a unos diez metros del suelo. -¡Mierda, Scott! -James, se dispone a bajar a ayudar a su amigo-. ¡No te muevas, agárrate fuerte! Los pies del pequeño Krammer se agitan en el vacío. -¡Aguanta, Scottie, ya llego! ¡Crack! Como un trueno. Así suena el peldaño al cual se aferra Scottie Krammer con ambas manos al partirse.
  • The Scottie is a animal on FarmVille.
  • Scottie is the person in charge of getting people to go to the Crash Pit. He appeared in "Terror Tales of the Park". He seems to be lazy, but very good at getting people to come to the crash pit.
  • Scottie is Drake's band's former drummer. He was played by late actor Johnny Lewis. He is considered to be unintelligent, according to Drake and the other band members. He appeared in four episodes in Season 1. He got himself and his band members detained at a Rock Shock concert because he photocopied their tickets in "Grammy". He, Rina, and Paul were never seen again after that, and it can be speculated that he actually got arrested for the crime. Scottie is Trevor's younger brother.
  • Scottie es el responsable de hacer que la gente vaya al Pozo de los Autos. Él apareció en Cuentos de Terror del Parque. Él parece ser perezoso, pero muy bueno en conseguir que la gente se vaya al Pozo de los Autos.
  • Originally from Boston he grew up in the 70s schooling at Winship Elementary, Fenway High School and then Boston Art's academy, the third of five children his eldest sister is now dead, his brother above him, dead also, his younger brother, dead his two sisters? (this is merely typical given that Esmarelda VillaLobos recently lost her extended, although not immediate, family also)
is rewarditem of
Alternative Linked Data Views: ODE     Raw Data in: CXML | CSV | RDF ( N-Triples N3/Turtle JSON XML ) | OData ( Atom JSON ) | Microdata ( JSON HTML) | JSON-LD    About   
This material is Open Knowledge   W3C Semantic Web Technology [RDF Data] Valid XHTML + RDFa
OpenLink Virtuoso version 07.20.3217, on Linux (x86_64-pc-linux-gnu), Standard Edition
Data on this page belongs to its respective rights holders.
Virtuoso Faceted Browser Copyright © 2009-2012 OpenLink Software