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| - Avancé por el bosque en solitario desprovisto de aparatos electrónicos, mi misión, ser uno con la naturaleza, recrearme, divertirme sin la necesidad de sentarme frente a un monitor. Cuando mi distancia fue la suficiente como para considerarme lejos de las miradas curiosas del pueblo me quite la ropa, estiré mis miembros y salí a recolectar materiales para montar una vivienda natural, un par de ramas de grosor a considerar y un montón de hojas para simular el techo. despejé el suelo de la vivienda a modo de bandeja para colocar tierra suave y cómoda a modo de colchón, sólo quedó esperar hasta el anochecer, pero no volvería a casa contando una experiencia tan aburrida de un sólo día, al contrario, tomé un delgado palo y le fui formando filo en uno de sus extremos a piedrazo calculado, me sentí un hombre primitivo con un placentero sentimiento de independencia, salí de la vivienda con la vara punzante en busca de una presa desprotegida, debí haber tomado confianza de aquel pequeño logro. Días antes de la expedición me había tomado el tiempo de leer manuales de supervivencia, por lo que no me fue difícil armar una fogata al costado de la tienda, la confeccione de tal modo que saldría una negra columna de humo sobre los árboles y me facilitaría reencontrar mi refugio. marché lejos con confianza, con el arma a dos manos, ahogando el ruido de mis pisadas en tierra firme, me detengo, algo cruza de forma veloz los árboles y se detiene, me oculto detrás de una roca vestida en musgos y me asomo con cautela a verificar la especie de aquel fenómeno, una liebre, me revelé fuera del escondite, no sé por qué lo abre hecho, pero arrojé la lanza hacia aquella tierna criatura, fue un trágico milagro que la vara atravesara de una fila de costillas a otra, murió sufriendo varios minutos durante pequeños gemidos, tuve que verlo todo para purgar mi culpa, me eché de rodillas a llorar, seguía siendo el joven de corazón sensible que se esforzaba por no serlo, éste escenario va a cambiar todo, voy a ser un hombre. Mordiendo la lanza cargué entre mis brazos el cuerpo inerte del animalito, la columna de humo perdía fuerza pero conseguí llegar a la vivienda sin ningún percance, volví a prender el fuego, la llama nació con vida propia, la miré durante largo tiempo antes de volver a cobijo. Por la mañana arranqué la piel de la liebre y la cociné, fue un desayuno exótico y de un sabor no muy agradable, pero suficiente para llenar mi estómago, abrí la mochila y bebí 1/4 de la botella plástica, puede que sea una excursión pero cualquiera peligra de deshidratarse, el agua era esencial en éste tipo de situaciones. no sé si dar importancia a ésto, pero lo contaré, en la madrugada de éste día sentí algo observarme desde la copa de los árboles, la noche me impidió ver su cuerpo por completo, no pude calcular sus proporciones, de rostro humano encapuchado por una túnica azul maltratada, ojos que brillaban como los de un felino en la oscuridad, nada más, debió ser algún animal que, yo aturdido por el sueño, debí haber cambiado sus rasgos faciales, una alucinación. escapé de la tienda, algo se deslizaba tan rápido en altura que no podía ser captado por mis reflejos, un mono, me obligué a creer, aunque aquella criatura no perteneciera a ésta zona. Me adentre en lo profundo en busca de una presa que ofreciera cierto grado de peligro, caminé por lo largo de horas, me detuve, una pisada sonó demás, con un gesto de horror, pareciendo que mis ojos iban a saltar de mis párpados, me di vuelta gritando, no había absolutamente nada, empecé dudar si me encontraba bien de la cabeza. Un oso saltó desde los árboles, me paralicé, no existía forma de combatir aquella bestia veterana en romper huesos, ni siquiera pude imaginar que algo como éso moraba por éstos lugares, el tiempo se congelo, cerré mis ojos esperando morir descuartizado por su poderosa mandíbula y caer aplastado por su pesado cuerpo, el rugido del coloso fue interrumpido, abrí mis ojos, el animal se estaba retorciendo del dolor ahogado en pozo de su propia sangre, le faltaban las dos patas delanteras, un agujero abierto y crudo en su estómago, era impresionante que se hubiera mantenido vivo para ése entonces. No me di el tiempo de sacar una conclusión, corrí aterrado al campamento, mierda, he olvidado encender la fogata. He corrido por no sé cuanto tiempo intentando encontrar el refugio, finalmente he dado con él, dos lágrimas bañan mis mejillas, ha sido destruido ferozmente, ya no está la liebre y no ha sido error mío no prender la fogata, alguien se ha dado el tiempo de saquear los materiales dejándome en manos de Dios. Vago en la noche columpiándome árbol tras árbol, golpeándome fuertemente los hombros, el dolor no es lo que importa, tengo ése hambre que me haría capaz de comerme una vaca, escalé los árboles intentando encontrar una ruta que me lleve de regreso a casa, me interné profundo y el horizonte son los árboles, debo admitirlo, estoy perdido bajo mi propia culpa, Mi cabeza choca con algo suave que no opone resistencia, me doy vuelta, el cuerpo a medio digerir de la liebre cuelga con el cráneo atravesado por una rama que nace desde la base del tronco del árbol, me aterro ¿Quién o qué se abra adelantado a mi paso para dejar éste mensaje? Maldigo a quién lo hizo, lo considero un insulto, se me pasa por la cabeza la idea de que los chicos me han seguido para gastarme ésta broma de mal gusto, seguro me publicaran desnudo en alguna red social y seré el payaso hasta el final de mis días. Me detuve, pensar de ésa manera era algo positivo, nadie en su sano juicio se internaría tan a lo profundo como yo lo hice, era una excursión, abusé de mi confianza y ahora estaba en grandes problemas en quien sabe dónde, quizás había caminado kilómetros sin darme cuenta, o tal vez, imaginé que estaba en ésas historias de pesadilla que sufre la gente en estado de coma. Lo veo, es humano, me está dando la espalda desde la lejanía de los árboles, evidentemente es la túnica azul maltratada y por éso he podido familiarizarlo, marcha sin prestarme atención, valla cabrón, lo sigo, tropiezo frecuentemente, parece estar acostumbrado a éste terreno irregular, no quiero perderle de vista, posiblemente alcanzarlo sea mi salvación, y si no llegara a serlo, rezó porque no sea algo más. A medida que avanzo en mi persecución el aire se vuelve más frío y la distancia entre los árboles se hace más estrecha volviéndose un muro vegetal, los enormes troncos hacen el camino más angosto, me siento guiado a una trampa, avancé por el pasadizo y distinguí a lo lejos un mar de niebla inundar los muros del callejón natural, pasamos a campo abierto, sigo sin entender nada, él se sienta en un tronco talado que sirve como mesa, procurando siempre darme la espalda. Grito, su cabeza se dobla hacia atrás, arremolinando la piel del cuello como si estuviera a punto de destejerse, su rostro de forma grotesca empieza a girar, ésto es imposible, debo estar drogado. Se gira, su cuerpo desnutrido y de piel extremadamente pálida pueden distinguirse gracias a la túnica abierta, separa sus dientes sin labios, babeando una substancia negra y asquerosa de su larga lengua, que con sólo verla puedo calcular que alcanzaría a rozar ésos dos huecos vacíos a ambos lados de su cabeza que tal vez sean sus orejas. Me invita a acercarme con un gesto honorable, extraño para un fenómeno que asecha desde lo alto de los árboles, sin previo aviso su garra se contrae en mi rostro, en un intento desesperado golpeo su delgado brazo, tenso como el hierro, desgarra la piel húmeda de mi cabeza, grito con un ardor infernal con la carne viva al desnudo. Una máscara de búho inversa oculta mi horrible rostro, me he acostumbrado a mi nuevo cuerpo, he aprendido que no se necesitan ojos para ver, sea lo que sea que ése engendro me haya hecho le estoy agradecido, no sé que fue de su vida y ni me interesa saberlo, tal vez vaga por los alrededores en busca de una nueva presa, no tan afortunada como yo, lo más importante, no vallas a lo profundo de cualquier bosque, siempre estaré ahí vigilandote desde lo alto, si haces algo indebido prepárate, estaré atrás tuyo listo para torcerte la cabeza y créeme, no te dejaré ir tan fácil, sufrirás mil veces más que ése pobre animal, te perseguiré mientras te lamentas con la cabeza dada vuelta, tropezando y abriendo tus músculos, te dejaré tirado para que mueras consciente de tu pecado, mientras los suyos te devoran clamando venganza, la muerte no pondrá fin a tu dolor, ya que Head Twisted maltrata por la eternidad a quienes se atreven a quebrantar la paz del bosque. Por. NeoVuu Categoría:Otros
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