El más ligero toque con dicho guante inyecta a la víctima los más violentos electroesteroides conocidos, lo que produce que el individuo desarrolle su anatomía descontroladamente llegando a romper su propia piel. Una vez finalizado el proceso tan solo queda un montón de materia palpitante en el suelo.
El más ligero toque con dicho guante inyecta a la víctima los más violentos electroesteroides conocidos, lo que produce que el individuo desarrolle su anatomía descontroladamente llegando a romper su propia piel. Una vez finalizado el proceso tan solo queda un montón de materia palpitante en el suelo.