Durante las revueltas instigadas por Kasimir de Valtos y Vendare Taloun en Pavonis a finales del M41, Ortega dirigió a sus Arbitradores para proteger a la Gobernadora Mykola Shonai y reprimir a todos aquellos rebeldes que estaban en contra del gobierno imperial. Tenía bajo su mando a la agente Jenna Sharben, una de sus mejores agentes. Posteriormente, los Cuervos Sangrientos bautizaron a una de sus escopetas con el nombre de Último Juicio de Ortega en su honor.
Durante las revueltas instigadas por Kasimir de Valtos y Vendare Taloun en Pavonis a finales del M41, Ortega dirigió a sus Arbitradores para proteger a la Gobernadora Mykola Shonai y reprimir a todos aquellos rebeldes que estaban en contra del gobierno imperial. Tenía bajo su mando a la agente Jenna Sharben, una de sus mejores agentes. Sin embargo, poco a poco quedó exhausto por la superioridad numérica de los traidores, y tras quedar acorralado en la fortaleza del Adeptus Arbites, Ortega y sus últimos hombres hicieron detonar el arsenal, sacrificándose así para matar a muchos rebeldes y negarles el acceso al mayor almacén de armas del planeta. Posteriormente, los Cuervos Sangrientos bautizaron a una de sus escopetas con el nombre de Último Juicio de Ortega en su honor.