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| - He contemplado los horrores que ni en mis más profundas pesadillas he sufrido. Lo que hay en ese pueblo, debajo de esa cripta, cubierta con una piedra inmensa, es el horror mismo, la demencia. Maldigo la vez que fui a ese pueblo. Hace años atrás, se había descubierto una secta que adoraba a una gran bestia, según pueblerinos. Entré. No fue una buena idea. Unos tentáculos similares a unas raíces horrorosas se hicieron presentes y una de las personas del montón entonó un cántico ininteligible para mí, y las raíces subieron más y más. En esos instantes, no sabía qué hacer, estaba paralizado.
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| - He contemplado los horrores que ni en mis más profundas pesadillas he sufrido. Lo que hay en ese pueblo, debajo de esa cripta, cubierta con una piedra inmensa, es el horror mismo, la demencia. Maldigo la vez que fui a ese pueblo. Hace años atrás, se había descubierto una secta que adoraba a una gran bestia, según pueblerinos. Como acostumbro, todos los solsticios de verano, voy a visitar a mis abuelos, que tienen residencia cerca de un pueblo, seguramente no habitaban más de cien personas. Desde el 15 de Marzo de 1855, doce años más tarde de la fundación del pueblo, empezó una actividad inusual en esos terrenos. Mis abuelos me dieron una habitación, cenamos y nos acostamos; en medio de la noche, me desperté por un ruido muy fuerte, sonaba como una roca. Salí de la casa, no fue una buena idea. Se oía el ruido de una roca y otros que no logré identificar, sonaban del otro lado de los cultivos. Curioso y temeroso atravesé el trigo. Con cada paso que daba estaba más cerca del horror, más cerca de la entrada de esa cripta. La vi. Tenía una escalera que terminaba en una roca de dimensiones medianas; lo curioso es que estaba ubicada en un costado de la cripta, lo que dejaba una puerta totalmente abierta. Entré. No fue una buena idea. Era un túnel. Oscuro y largo, sin iluminación. En su parte final se encontraba nuevamente una escalera, solo que bajaba. Bajé. Había tres escaleras más, una enfrente y dos en los laterales. Lo que contemplé luego fueron los tentáculos del horror mismo: en medio de la sala se encontraba un pozo inmenso, con un líquido de color rojo; a su alrededor se encontraban personas que vestían de una manera bastante rara. Unos tentáculos similares a unas raíces horrorosas se hicieron presentes y una de las personas del montón entonó un cántico ininteligible para mí, y las raíces subieron más y más. En esos instantes, no sabía qué hacer, estaba paralizado. No recuerdo con claridad qué sucedió luego, pero me arrepiento de haber entrado a esa cripta; desde entonces, sigo pensando en eso, intentando formular respuestas a todas mis preguntas sobre ese acontecimiento.
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