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| - - ¿No es...excesivo? - Puede que en tu regimiento os entrenáseis con cuchillos de goma y balas de simulación, pero esto es distinto- Siguió explicando la coronel Eneria Bae, molesta por la interrupción- Bien, como estaba diciendo, el rifle emite una señal que activará los sensores que tienen estos monos de entrenamiento, y un emisor de voltaje situado en la zona acertada os dará una descarga para avisaros del impacto- Bae señalaba los receptores y emisores de voltaje de su mono mientras daba su explicación- Depende de la zona, la descarga será mayor o menor y más larga o más corta. Un impacto en un órgano vital hará que todos vuestros emisores se activen a la vez, haciendo que os desmayéis- Señaló los pequeños emisores, blancos y cúbicos, repartidos por las piernas, brazos, tronco y espalda. Los casi veinte reclutas, enfundados también en los monos de entrenamiento negros, asintieron para dar a entender que habían comprendido la explicación. Algunos estaban inquietos o pálidos: ninguno quería sufrir una descarga que los desmayase. Eneria asintió y se puso la capucha del mono, que también tenía un emisor de corriente en la frente. Señaló a uno de los sangre nuevas y puso las manos tras la espalda. - Hagamos una prueba- Dijo- Danherr, dispáreme. Tristán desplazó su peso de un pie a otro, intranquilo. Pulsó el botón del rifle que activaba el emisor de señales y centró la mira láser sobre la coronel. El arma, de un color negro mate y forma similar a un compacto y ligero subfusil Creed-9, emitió un zumbido cuando su batería se encendió. Tistán acarició el gatillo y se mordió el labio inferior, sudando. Al menos en su regimiento, disparar a un oficial no estaba muy bien visto, que pudiera decirse. Pero antes de disparar, un doloroso calambre se apoderó de su muslo derecho. Ahogó un grito de sorpresa, más que de dolor, y quedó hincado de rodillas durante varios segundos. Eneria había desenfundado la pistola que llevaba sujeta a la parte trasera de su cadera y le había disparado antes de que pudiera reaccionar. - Esto es por interrumpirme antes, Danherr- Dijo mientras devolvía el arma a su funda. Los otros rieron frente a la reacción de la coronel- Bueno, ya habéis visto como funciona esto. Ahora quiero equipos de tres, y en cinco minutos empezará el entrenamiento. Cada equipo recibirá una transmisión codificada en frecuencia SICOM, y ése será el lugar donde debe colocarse antes de que empiece la práctica. El equipo que no esté en su puesto para cuando todo empiece, estará eliminado y sus raciones de hoy se verán limitadas a una barrita energética y dos litros de agua- Armó su propio rifle y comprobó que tenía batería- Yo participaré por mi cuenta, y si gano, el racionamiento de alimentos previamente mencionado será aplicado a todo el destacamento. Todos contuvieron el aliento. ¿Ganar en una simulación de combate a la coronel Eneria Bae? Un desánimo colectivo inundó a todo el grupo. La coronel entró al gran pabellón donde se reconstruía un escenario de combate urbano, y cuando las puertas se cerraron tras de sí, los reclutas se apresuraron a organizar los grupos. Tristán se masajeó el muslo, aún dolorido, y miró a la mujer que tenía al lado. Ella, de piel morena surcada en algunos puntos por finas líneas de un color más claro, también le estaba mirando. Tristán hizo un gesto ``Juntos, ¿No?``. Ella asintió ``Tú qué crees´´. Miraron alrededor, les faltaba uno. El resto ya se habían agrupado, y la mayoría estaba entrando en el pabellón, pero un hombre alto y fornido, con rastas castañas asomando por los bordes de la ajustada capucha se les acercó. - El destino ha hablado- Sonrió él. Su acento era extraño, y Tristán lo identificó como un skiano. - Supongo- Tristán se encogió de hombros y le estrechó la mano- ¿Puedes decirme tu nombre? Llevamos tres meses juntos mientras viajábamos aquí, pero nunca coincidimos demasiado en la nave de carga. El skiano sonrió de nuevo y apretó con fuerza su mano. - Llamadme K'nata. Sargento de unidad en el 101º Skiano...hasta que me reclutó el SICOM. - Tristán Danherr, cabo primero en el 712º de granaderos nametherianos- Respondió él. La mujer le dio la mano también. - Nyria, más de lo mismo- Dijo, secamente. Las pequeñas placas de datos que llevaban sujetas al interior de sus antebrazos derechos parpadearon, y una serie de runas aparecieron en ellas. - El mensaje cifrado- Adivinó K'nata- No sé qué significa. - Yo tampoco- Admitió la mujer. - Quizá tengamos que meter estos datos en el mapa- Propuso Tristán- ¿Os habéis fijado queal activar el mapa aparecía una cuadrícula en la esquina inferior derecha? Quizá sea eso. Se encogieron de hombros casi al unísono. Podía funcionar. Abrieron los mapas en sus placas de datos e introdujeron los datos en la cuadrícula. Un marcador en forma de calavera con dos cuchillos kukri cruzados tras de sí apareció en un punto del campo de batalla simulado. - Debe ser aquí- Adujo K'nata, y le dio una palmada en el hombro a Tristán- Bien hecho, camarada. - Ha debido ser un momento de claridad- Dijo él mientras se ponían en marcha- Démonos prisa, tenemos dos minutos para llegar ahí o estaremos a base de barritas energéticas y agua todo el día. - Todo el destacamento lo va a estar- Resopló Nyria tras cruzar la puerta- Nos va a dar igual encontrar el sitio o no. Los tres se miraron y asintieron sombríamente. El futuro de aquel entrenamiento no era muy prometedor. ++++++++++++++++++++++++++++++++ Habían corrido todo lo rápido que sus piernas les permitieron, y llegaron a su punto de salida dos segundos antes de que el entrenamiento comenzara. Jadeando y resoplando, se dejaron caer en el rococemento destrozado que cubría el suelo junto a las baldosas hechas añicos para estudiar la zona. Un conjunto de tiendas y casas les impedía ver más allá de cien metros, pero no tardaron en oír los chasquidos crepitantes de los emisores de electricidad al soltar una descarga sobre algún pobre desafortunado. - Vale, necesitamos un plan de acción- Murmuró Tristán mientras los tres avanzaban agachados por los restos de una casa. - El mapa marca una gran zona casi sin cobertura en el centro del pabellón- K'nata señaló un punto en el mapa de la placa de datos- Será mejor que no pasemos por aquí. Apuesto lo que queráis a que unos cuantos equipos se habrán colocado en los edificios circundantes para acechar a los que pasen por esa zona sin cobertura. - Sí, es lo que yo haría- Asintió Nyria. El grupo se detuvo al oír unos susurros en la calle, y se ocultaron con rapidez tras las paredes que tenían al lado. Uno de los grupos caminaba por la calle en dirección a la casa. Estaban agachadas y apuntaban a todos lados con sus rifles, atentos al más mínimo movimiento. Tristán supuso que eran amazonas. El SICOM había reclutado a seis durante la campaña de recuperación de Khopesh, junto a Tristán, Nyria, K'nata y los otros. Combatían de manera violenta pero disciplinada, y cualquiera de ellas era más ágil y veloz que Tristán o K'nata. Nyria quizá podía competir con ellas, pero no había una vencedora clara. -¿Qué hacemos ahora? Están viniendo hacia aquí- Murmuró Tristán. - Dejemos que entren- Nyria desenfundó la vara eléctrica que se les había entregado a modo de arma cuerpo a cuerpo- Las pillamos por sorpresa y las dejamos fuera de combate. Fácil. - Decirlo es fácil- Refunfuñó K'nata con un hilo de voz- Atención...ya vienen. El trío de amazonas se quedó silenciosamente a la entrada de la casa. Se desplegaron en formación de cuña y barrieron la sala con la mirada. Una de ellas hizo gestos para que sus compañeras la cubrieran, y ruzó la pared echada abajo con paso lento y liviano. Pasó al lado de Tristán, y no se dio cuenta de que estaba ahí hasta que él rodeó su cuello con el antebrazo izquierdo y la puso delante de sí para usarla como escudo humano. La amazona se removía e intentaba zafarse. No sólo era rápida, si no también bastante fuerte. Tristán tuvo que hacer un buen esfuerzo para que no se le escapase. - ¡Vamos!- K'nata se asomó por la puerta de la casa, a cinco metros de las amazonas, y disparó de rodillas. El emisor de descargas de la amazona más próxima se activó con una luz roja y un pequeño relámpago recorrió su pierna izquierda. Soltó un grito ahogado, pero se mantuvo en pie y se giró hacia el skiano. Él reaccionó con rapidez y apretó el gatillo de nuevo, apuntando a su pecho ésta vez. Una nueva descarga sacudió todo el cuerpo de la amazona, que se convulsionó y cayó de bruces contra el suelo, inconsciente. Tristán asomó su pistola por encima de su escudo humano y disparó casi a ciegas. No oyó el crepitar de la electricidad y siguió disparando. La amazona que sostenía se inclinó hacia delante y le dio un cabezazo en la cara. Aturdido, la soltó mientras trastabillaba hacia atrás, con el mentón dolorido. Ella sacó la vara eléctrica de la funda de plástico rígido en su muslo izquierdo y lanzó un golpe horizontal dirigido a su cuello. Tristán se dejó caer hacia atrás para esquivar el golpe, que dejó un brillante arco de luz azulada a su paso. Se golpeó con fuerza la espalda y gruñó. La amazona no tardó en reaccionar, y lo encaró con su rifle. Tristán echó mano de su pistola y disparó tres veces en rápida sucesión. Mientras elevaba su rifle, la amazona se sacudió de arriba abajo cuando un arqueado relámpago subió desde sus tobillos hasta su cabeza. Dio un par de pasos lentamente hacia atrás y cayó de lado, con una delgada columna de humo saliéndole de la boca abierta. Mientras se levantaba, oyó una serie de golpes y chasquidos eléctricos. Frente a la puerta, Nyria y la otra amazona se estaban batiendo en un intenso duelo con sus varas eléctricas. Nyria efectuó un golpe vertical, sobre la cabeza de su contrincante, que bloqueó el ataque con su arma. Pero no pudo bloquear el rodillazo que se le vino encima, y se dobló de dolor cuando el impacto le alcanzó el vientre. Exhaló explosivamente y fue derribada de un golpe en el mentón. Su cara se vio súbitamente rodeada de zarcilos eléctricos durante un segundo y se quedó en el suelo, con los ojos en blanco y la boca abierta. - No ha estado mal- Comentó Nyria mientras apagaba el generador de la vara eléctrica- Pensé que iban a destrozarnos. - Y yo, si te soy sincero- Admitió Tristán, tocándose la mandíbula, dolorida. - Bueno- K'nata se desperezó- Con estas ya son tres menos. Me pregunto cuántos más habrán sido eliminados. - No sé si quiero saberlo- Murmuró Tristán mientras ocultaban los cuerpos tras un montón de escombros. - Amén- Corroboró Nyria. En dos minutos cubrieron el espacio que los separaba de la plaza central. Habían oído de vez en cuando chasquidos de descargas eléctricas, pero no se habían molestado en buscar el origen. Llegaron a una réplica de una oficina del Administratum acribillada de boquetes y marcas de bala y corrieron a su interior. Mientras K'nata observaba la zona con sus prismáticos, Tristán se dejó llevar momentáneamente por sus pensamientos. Estaban enfrentando a efectivos de diferentes regimientos, con diferentes orígenes y culturas...y distintas maneras de hacer la guerra. Por lo que sabía, todos ellos estaban entrenados en combates urbanos, pero había tantos factores que podían condicionar al vencedor que nisiquiera quería pensar en ello. Acababan de enfrentarse a las amazonas, violentas y disciplinadas. Les había costado deshacerse de ellas, y no quería ni pensar en los problemas que les podrían causar los tres unkai, que eran especialistas en combate mano a mano y en luchas a distancias cortas y espacios cerrados. El único skiano era K'nata, y había demostrado ser un excelente explorador y tirador. Los otros pertenecían a regimientos de infantería regular y mecanizada, pero no sabía exactamente a cuáles. - Bueno- Pensó- Al fin y al cabo el SICOM nos ha reclutado por algo. No podemos esperar derrotar fácilmente a los otros. K'nata hizo un sonido para llamar la atención del resto del grupo y señaló hacia un punto enfrente de ellos, a unos trescientos metros. - No os perdáis esto- Dijo- Parece que la coronel está acechando a los unkai. Nyria y Tristán se apresuraron a enfocar la zona con sus prismáticos. Al principio sólo vieron a los unkai avanzar cautelosamente por la calle, pero a los pocos segundos vieron a la coronel Bae persiguiéndolos en absoluto silencio por los tejados de las casas de dos pisos que había a cada lado de la calle. Observaron la escena con expectación durante dos minutos, hasta que Eneria los adelantó y esperó acuclillada hasta que pasaran por delante de ella. Saltó, cayendo sobre el que iba en cabeza y golpeándolo contra el suelo con fuerza. El unkai gritó cuando se le rompieron las costillas y quedó tendido en el suelo, sujetándose el torso. Antes de que sus dos compañeros pudieran reaccionar, Eneria agarró por el mentón al que más cerca tenía, y, mediante una llave, lo lanzó por encima de sus hombros y disparó contra él mientras aún estaba en el aire. La descarga eléctrica sacudió el cuerpo del unkai, y ya estaba inconsciente para cuando tocó el suelo con un golpe sordo y fuerte. El que aún estaba en pie practicó un golpe veloz y preciso dirigido a la zona alta del pecho de Eneria, que no sólo lo esquivó por poco, sino que además agarró su antebrazo con la mano izquierda, le dio la vuelta con un poderoso tirón y lo envió al suelo de una patada en la espalda. El hombre se recuperó rápidamente y rodó para después ponerse en pie de un salto. Levantó su rifle y se topó con una patada en la cara. Trastabilló hacia atrás y Eneria aprovechó para eliminarlo con un disparo de su pistola. Mientras el cuerpo inconsciente caía de espaldas con la cabeza crepitante de electricidad estática, la coronel disparó al que había dejado en el suelo con las costillas rotas, que se había dado al vuelta y la apuntaba con su propia pistola. - Joder- Soltó Nyria por lo bajo- Son duros los cabrones. Antes de que Tristán respondiera, Eneria ya había desaparecido por una de las calles. - Es demasiado rápida- Dijo Tristán, que había estado aguantando la respiración- Y no se contendrá si tiene que rompernos algo. - Pues claro, ¿Dónde te creías que estamos?- Sonrió K'nata. Tristán se volvió para responder, pero el skiano cayó de espaldas de repente, presa de violentos espasmos, con los ojos en blanco y un grito ahogado en los labios. Antes de que la espalda de K'nata hubiera tocado el suelo, Tristán había localizado a dos contrincantes en una puerta a su derecha, y a otro más en un hueco en la pared a la izquierda. Les estaban apuntando con sus rifles. - ¡Nyria!- Exclamó, levantando su propio arma. - ¡Ya lo sé!- Replicó ella, apretando el gatillo de su rifle. El que se había acercado por el hueco en la pared cayó de rodillas con un gruñido. Tristán abrió fuego y el brazo de su objetivo se sacudió, envuelto en electrididad. Su propietario gritó y se llevó la mano libre a la zona afectada. El otro cayó al suelo de bruces cuando una figura alta y endemoniadamente veloz se lanzó sobre él desde detrás. - ¡Eneria!- Gritó, y le dio una palmada en la espalda a Nyria antes de levantarse a toda velocidad y salir corriendo de la oficina del Administratum. Mientras salía, oyó el chisporroteo de la electricidad. - ¿Cómo ha llegado tan rápido?- Protestó ella mientras lo alcanzaba. Una rápida sucesión de pasos, mucho más veloces que los suyos, repiqueteó sobre las baldosas del suelo detrás de ellos. Se volvieron casi al unísono con los rifles en alto, sudando por los nervios y con el pulso agitado por la carrera y la sorpresa. En el centro de sus miras apareció la coronel Eneria, a apenas veinte metros, corriendo a gran velocidad con el rifle en ristre. - ¡Dale duro!- Tristán disparó en automático y Nyria lo imitó. Esperaron a oír el crepitar de la descarga eléctrica, pero nunca llegó. Lo que si oyeron fue el rugido de un fogonazo que elevó a Eneria varios metros sobre el suelo, avanzando a gran velocidad hacia ellos. - ¡Tiene una mochila de impulsos!- Bramó Nyria, disparando. Eneria acortó distancias en un par de segundos, disparando mientras estaba en el aire. Los receptores de las piernas de Nyria captaron la señal del rifle de Eneria y le dieron una descarga eléctrica que la dejó de rodillas. Aguantó un grito de dolor y levantó su arma con una sola mano cuando un nuevo disparo acertó en su hombro derecho y se lo inmovilizó con la posterior descarga. Nyria apretó el gatillo, apuntando a Eneria, pero ella acababa de aterrizar. De rodillas, con los servos que tenía acoplados a las piernas y la parte baja del torso para no sufrir daños al aterrizar chirriando, derribó a la mujer de un golpe oblicuo en la mandíbula con su vara de energía. Nyria se quedó de rodillas, inconsciente, con el torso inclinado hacia atrás. Tristán giró su arma para encarar a Eneria, que se había levantado. Apretó el gatillo, y una potente patada le arrancó el rifle de las manos y lo envió varios metros a su izquierda. Rodó por el suelo y quedó quieto, fuera de su alcance. Sin pensárselo dos veces, desenfundó la pistola, pero, de nuevo, antes de que pudiera disparar, Eneria actuó. Se vio de repente de rodillas, con su pistola en las manos de Eneria, que le sonrió con sinceridad. - No lo habéis hecho nada mal, Danherr- Amartilló el arma- Buen trabajo. Tristán fue el último en ser eliminado.
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