Mis "amigos" invisibles siguen ahí, cada vez más cerca. Tardé un tiempo en darme cuenta de que se estaban ocultando, imagino que por vergüenza. Hay que ser muy cobarde para pasarse todo el rato cuestionando la valía de un hombre. Esperaba que al menos tendrían la decencia de dejarme dormir, pero insisten incluso en esos momentos.
En cuanto a la excavación, seguimos paralizados por los obstáculos del interior del túmulo. Esperaba encontrar tipos en esta isla lo bastante duros como para enfrentarse a esos huesos inquietos, pero parece que los sobrestimé. No volveré a cometer ese error.