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No hay estrellas, al menos no las suficientes para llenar todo el Universo. Y no es que éste tenga un tamaño reducido precisamente, pero aún así a veces parece estar tan vacío. Y no es verdad que esté vacío, porque está lleno de todo lo que existe, así que se podría decir que está muy lleno. Está lleno de todo, y también contiene todo el vacío que uno pueda imaginar. Quizá todo se reduzca a que es muy grande, y cada instante que pasa, lo es un poco más. Y también un poco más vacío, a medida que se expande indefinidamente. Un poco más desconocido a medida que se va explorando.

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  • No hay estrellas
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  • No hay estrellas, al menos no las suficientes para llenar todo el Universo. Y no es que éste tenga un tamaño reducido precisamente, pero aún así a veces parece estar tan vacío. Y no es verdad que esté vacío, porque está lleno de todo lo que existe, así que se podría decir que está muy lleno. Está lleno de todo, y también contiene todo el vacío que uno pueda imaginar. Quizá todo se reduzca a que es muy grande, y cada instante que pasa, lo es un poco más. Y también un poco más vacío, a medida que se expande indefinidamente. Un poco más desconocido a medida que se va explorando.
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  • No hay estrellas, al menos no las suficientes para llenar todo el Universo. Y no es que éste tenga un tamaño reducido precisamente, pero aún así a veces parece estar tan vacío. Y no es verdad que esté vacío, porque está lleno de todo lo que existe, así que se podría decir que está muy lleno. Está lleno de todo, y también contiene todo el vacío que uno pueda imaginar. Quizá todo se reduzca a que es muy grande, y cada instante que pasa, lo es un poco más. Y también un poco más vacío, a medida que se expande indefinidamente. Un poco más desconocido a medida que se va explorando. Son las diez y media de la noche y éstos son los pensamientos que ahora acompañan a Mario mientras está tumbado boca arriba viendo estrellas y planetas a través de la cúpula de cristal del techo. El mundo ha cambiado mucho desde la Revolución Industrial, e incluso es muy diferente a como era en los comienzos de la Era Espacial, en los que los humanos conseguimos poner en órbita naves primitivas alrededor de la Luna y algunos planetas. Al menos eso es lo que decía la señorita Eugenia, su profesora de historia, cuando en la escuela elemental les hablaba de la carrera espacial, algo relacionado de alguna manera con una competición entre dos naciones y una perra dando vueltas alrededor de la tierra, y un hombrecillo saliendo de un extraño aparato, diciendo un mensaje histórico mientras su pie dejaba una huella en la Luna. Sí, incluso en aquella época pasada se consiguió llegar a pisar nuestro satélite, aunque eran otros tiempos, teñidos de romanticismo, quizá porque eran proyectos en los que la especie humana estaba comenzando a alcanzar un sueño que hasta entonces no había conseguido nunca, como era abandonar el hogar que supone para nosotros el planeta Tierra y viajar lejos de casa por primera vez. Aunque por supuesto, Mario no conoció aquella época, sino una muy posterior, en la que los viajes espaciales ya habían perdido el sentido épico de antaño, y se habían convertido en una actividad comercial como otra cualquiera. Habían pasado ya más de quinientos años desde aquel día en el que se dio aquel pequeño paso para el hombre. Ahora ya no damos pequeños pasos, sino que nos movemos a zancadas largas. La Tierra es muy diferente a como lo era en los tiempos antiguos, ya que debido a la acción destructiva del hombre se modificaron los ecosistemas de manera que dejó de ser un planeta confortable para el ser humano. Hubo opiniones para el gusto de todos. Los científicos explicaron que debido a que el hombre no dejaba de emitir dióxido de carbono a la atmósfera, junto con todo tipo de contaminantes y dioxinas (además de seguir destruyendo la protección de ozono), lo que ocurrió fue que las especies se fueron adaptando al nuevo medio, hasta el punto de que los humanos se vieron obligados a abandonarlo. Y por supuesto no consiguieron adaptarse tan bien como un gran número de otras especies. Pese a todo, no lo olvidaron para siempre, ya que se utilizó como una gran despensa a la que acudir en busca de alimentos y materias primas. También habló la religión, y se llegó a escuchar que este exilio no era más que el resultado de haber enfadado a Dios, que habiéndonos dado un paraíso y habiéndonos advertido de que no debíamos abusar de él, nos expulsó. Últimamente se estaban escuchando todo tipo de nuevas opiniones, de lo más variopinto. Había incluso una nueva tendencia a la que muchos estaban dando cierto crédito, y que afirmaba que las personas nunca habían llegado a habitar la Tierra, y que había pruebas científicas que así lo demostraban. Sea como fuere, el hecho incontestable era que los humanos ya no vivían dentro del planeta azul (realmente ahora tiene un tono rosáceo), sino en enormes bases orbitales, que como pequeños islotes estaban repartidos por el espacio, con la Tierra en el centro de sus órbitas. De hecho, a este complejo se lo suele denominar como “El archipiélago‿. Pese al nombre, las bases no están aisladas, sino que es posible viajar de unas a otras mediante naves que periódicamente viajan entre ellas, de forma parecida a los autobuses o ferrocarriles que hubo tiempo atrás. Aunque más complejos, ya que son controlados por sistemas de navegación que ejecutan algoritmos de encaminamiento de caminos óptimos, de forma parecida a como operan las redes de comunicaciones como la antigua Internet, o la actual e inteligente Windternet 2. Muy poca gente hubiera pensado que algún día la Tierra y sus habitantes se tendrían que ver en una situación como la actual, ni hubiera imaginado cuál sería la vida futura, las relaciones futuras, la música o la radio futura. A Mario le gusta tumbarse y perderse en la inmensidad del espacio dentro de una nave que encontró abandonada cerca de donde vive. Es como una balsa, cubierta por una gran cúpula transparente. Se tumba y cada noche mira las estrellas. Hoy también. El primer día que entró en la nave se sorprendió y le llamó la atención una inscripción que alguien había escrito a mano cerca del panel de mandos, y en la que se podía leer “No hay estrellas‿, aunque por ahora no había llegado a entender qué significaba, ni por qué lo había escrito el dueño original de la nave.
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